Salud mental
Por: Sofía Leviaguirre
Si tú también sientes que a veces la vida es difícil sin razón, hoy te decimos qué dice la psicología y por qué tu cerebro te juega chueco.
Hay días en los que la vida simplemente pesa. Levantarte, trabajar, cumplir pendientes, cuidar tus relaciones, pensar en el futuro y, además, hacerlo con buena cara puede parecer prácticamente imposible. Y aunque puede ser que nos suenen reproches de abuela en la cabeza, y nos digamos que “nos falta sarna que rascar”, la verdad es que sí hay razones biológicas y psicológicas de por qué la vida se siente tan difícil.
Nuestro cerebro evolucionó para mantenernos vivos, y hacernos felices no siempre es parte fundamental de existir. De hecho, a veces es lo contrario, como nuestro cerebro está especialmente atento a los peligros, a lo que podría salir mal y a las amenazas del futuro, la felicidad y la paz mental son algo complicado de lograr. Por eso también podemos pasar horas preocupándonos por algo que todavía no pasa o dándole vueltas a una conversación de hace tres días preguntándonos qué debimos decir.
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Una parte crucial del cerebro para mantenernos vivos es compararse. Cuando vemos lo que tienen los demás, medimos nuestros avances. Aunque por instinto lo hacemos para saber que no nos vamos a quedar abandonados atrás, en el mundo moderno en el que vivimos esa comparación normalmente termina en que nos sentimos incompletos, como si en algo estuviéramos fallando. Porque la comparación no tiene una meta final: cuando conseguimos algo, rápidamente aparece un nuevo estándar.
Esto es algo muy humano: queremos libertad, pero también seguridad. Queremos descansar, pero sentimos culpa cuando no estamos siendo productivos. Buscamos encajar en los grupos y, al mismo tiempo, queremos ser auténticos. Tener miedo, dudar o sentirnos perdidos hace que la vida se sienta más difícil. Pero hay que recordar que eso no significa que haya algo defectuoso en nosotros, es simplemente parte de ser humano.
Luego está la presión social: el trabajo, el dinero, las expectativas familiares, la idea de tener éxito y hasta la necesidad de construir un legado hacen que la vida se convierta en una lista interminable de pendientes. Pero la famosa peer pressure también puede ser la mejor aliada para acompañarnos, cuando sabemos usarla a nuestro favor. Según un estudio de Harvard Business Review, cuando aprendemos a identificar la presión social y la usamos como fuerza motivadora, puede ser lo que nos hace más unidos, productivos, y felices. Esto lo dicen pensando en la chamba, pero la verdad es que aplica para todas las áreas de tu vida. Si en lugar de compararte con otros o sentir que tienes que superarlos aprendes a ver qué hacen ellos que tú no, y qué tienes tú que ellos no, y lo usas para trabajar en equipo, de repente, la vida se vuelve más fácil porque se hace en comunidad.
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No todo el sufrimiento es inevitable. Los duelos, los traumas y algunos problemas que nos superan son parte de vivir que tenemos que pasar, pero mucho está en tu cabeza. Cuando la vida es difícil por expectativas irreales que nosotros solitos nos ponemos, o porque dejamos para después decisiones que podríamos tomar ahora por miedos que no hemos superado, entonces le echamos más dificultad a lo difícil. Por eso, ir a terapia y aprender a ver la vida con diferentes lentes te ayuda a poner en perspectiva los problemas y separar lo real de lo que tu mente te juega chueco.
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