Salud mental
Por: Sofía Leviaguirre
Si sientes que cuidas más a tu mamá de lo que ella a ti, quizá estás tomando un rol que no te corresponde, stop it!
¿Cuidas a tu mamá más de lo que ella te cuida a ti? Aunque puede sentirse como una muestra de amor y responsabilidad, también puede ser una de las señales de que eres la mamá de tu mamá. Y ese es un rol que no te corresponde y puede afectar tu bienestar emocional.
La parentificación, o sea, cuando un hijo adopta las responsabilidades emocionales o prácticas que le corresponden al adulto cuidador, es algo muuucho más común de lo que debería. En lugar de recibir contención, te conviertes en quien escucha, resuelve, calma y sostiene, pero esto de deja desprotegido y te puede despertar patrones de comportamiento afectivo erróneos o creencias como “amar es cuidar y sacrificar”, que, mal entendidas, afectan cómo te relacionas con los demás.
Este rol no siempre es evidente. Puede instalarse poco a poco, especialmente en familias donde hay carencias emocionales, problemas económicos, enfermedades o ausencia de otras figuras adultas.
También lee: Gracias mamá por estas lecciones, Thank you mom!
Identificarlo es el primer paso. Algunas señales comunes de que eres la mamá de tu mamá son:
Si varias de estas situaciones te resultan familiares, es probable que estés viviendo una dinámica de roles invertidos.
También lee: Piedra de protección para mamá según su mes de nacimiento
La parentificación aparece cuando un padre o madre no puede sostener su rol por completo. Esto puede deberse a estrés, depresión, duelos, relaciones conflictivas e incluso patrones heredados. En muchos casos, el hijo asume este rol para adaptarse, pues alguien tiene que sostener, y ese alguien termina siendo el menor. El problema es que, aunque en el corto plazo puede funcionar, a largo plazo genera desgaste emocional, ansiedad y dificultad para construir relaciones sanas.
Cargar con responsabilidades emocionales que no te corresponden puede hacerte sentir agotado, sobrecargado y confundido respecto a tus propios límites. También puede afectar tu autoestima y tu forma de vincularte con otras personas, llevándote a repetir patrones de sobre cuidado o dependencia emocional.
Salir de este rol no significa dejar de querer o apoyar a tu mamá, sino aprender a hacerlo desde un lugar más sano. Comienza por reconocer la dinámica y empieza a poner límites poco a poco. Deja de asumir responsabilidades que no son tuyas y ve animando a tu mamá a buscar apoyo en otras personas o en profesionales. Por último, busca apoyo tú también. Hablar con un especialista puede ayudarte a reorganizar esta dinámica.
Amar a tu mamá no tiene que ser sinónimo de sacrificarte emocionalmente. Puedes estar presente sin cargar con todo. De hecho, cuando cada quien ocupa su lugar, la relación se vuelve más sana, equilibrada y genuina.
También lee:
Por: Sofía Leviaguirre