rompecabezas del mundo

Las piezas del rompecabezas

El hoy parece distinto de los ayeres y las justificaciones sobran para regresar, al parecer irremediablemente, al horror.

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El ser humano toca fondo cada tanto, se levanta e intenta reinventarse. Las generaciones que viven cerca del horror global toman medidas que al transcurrir los años y las generaciones se van diluyendo. El hoy parece distinto de los ayeres y las justificaciones sobran para regresar, al parecer irremediablemente, al horror.

El proyecto civilizatorio en el que nos encontramos surgió de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Decidimos cambiar y sembramos conceptos e instituciones que pretendíamos aseguraran el nuevo proyecto. Éste se centra, o más bien se centraba, en el reconocimiento de la dignidad humana y que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en derechos. Por ningún motivo aceptaríamos el aniquilamiento masivo. El 9 y 10 de diciembre de 1948 se suscribieron los documentos que sustentaron el proyecto civilizatorio: la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio y la Declaración universal de los derechos humanos.

El proyecto se fue desgastando en la periferia mientras que la reserva moral se encontraba en partes de Europa. La guerra fría fue golpeando el proceso, tuvimos muestras de la incapacidad de garantizar las nuevas ideas en casos como el de Camboya, Ruanda y la antigua Yugoslavia, así como en las dictaduras militares sudamericanas y los continuos enfrentamientos en África. El proyecto civilizatorio comenzaba a cercarse. Las piezas del rompecabezas comenzaban a tomar forma pero se requería de distancia para ver lo que se iba formando.

Mientras la agenda por el reconocimiento pleno de los derechos y la batalla contra la intolerancia avanzaba en ciertas áreas, la percepción sobre los derechos humanos comenzaba a transformarse. Ante un entorno cada vez más inseguro, los derechos y dignidad de todas y todos fueron percibidos como un estorbo; sacrificar el proyecto común fue preferible antes que exigirle a los Estados que cumplieran de manera efectiva con sus obligaciones. Las voces que llamaban a la defensa del proyecto comenzaron a ser atacadas y vistas como un estorbo. El bienestar individual se colocó por encima de los intereses colectivos, la compasión y empatía se desecharon por la búsqueda del éxito o el bienestar individual.

Las piezas del rompecabezas comenzaron a acomodarse más rápidamente. Las voces que clamaban que los derechos humanos eran solo para algunos cuantos comenzaron a crecer, el discurso político público se comenzó a llenar de intolerancia de una forma que hubiera sido impensable hace unas cuantas décadas, algunos países comenzaron a salirse de instituciones creadas para sancionar los crímenes más atroces sin que hubiera una reacción de alarma, el mundo “civilizado” incapaz de dar solución a conflictos daba la espalda a los refugiados producto de ellos, las dos grandes potencias eran gobernadas por personajes como Putin y Trump, el Reino Unido daba la espalda a la integración europea que había garantizado la estabilidad del continente que dio origen a las dos grandes guerras del siglo XX. Liderazgos nacionalistas comenzaba a operar en varios países como Turquía, Polonia o Hungría y en otros tantos ganaban terreno como es el caso de Francia, Austria y Holanda.

Una de las primeras formas claras que se percibe en este rompecabezas es el Consejo de seguridad de Naciones Unidas, máxima instancia para garantizar la paz internacional, encabezada por Trump, Putin, May, Hollande y Xi Jinping. Nada esperanzador y de ganar Le Pen en Francia, el Consejo de seguridad deberá ser llamado Consejo de inseguridad absoluta.

Las piezas que siguen acomodándose son las que venimos discutiendo últimamente: el descrédito global de las democracias como formas de representación política funcional, la cooptación por parte de grandes intereses económicos de la toma de decisiones aquí y allá, la creciente desigualdad, los continuos ataques a la libertad de expresión que han sido reportados como un proceso global creciente, la irrupción violenta e ingobernable de bandas del crimen organizado que han perdido de manera absoluta el reconocimiento de la dignidad humana, la maximización de recursos a costa de lo que sea –incluso de la vida-, gobiernos que no están interesados en resolver los problemas de la gente sino en maximizar ganancias, elecciones que solo son una simulación que mantiene a lo que se piensa siguen siendo democracias, violencia social creciente, represión en aumento, ataques a grupos históricamente vulnerables que renace con más fuerza y muchas otras piezas.

Solo es necesario alejarse y ver el contexto. Hilar eventos y procesos. Ver la película y no la escena, la trama nos es conocida.

La reserva moral estará en quienes no acepten esto como una condena.

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