Chamba
Por: Helios Herrera
Malas decisiones, pésimos resultados, errores fatales, chismes inmundos y escándalos calientes ¿Te persiguen por toda la oficina? Deja de llorar y rescata tu imagen.
El éxito profesional depende de factores como tu desempeño, relaciones, imagen y, sobre todo, de una buena reputación. El problema es que no somos perfectos, todos cometemos errores (chicos, medianos y grandes) que pueden manchar, dañar o destruir nuestro prestigio. Si crees que metiste la pata, te decimos cómo rescatar tu imagen si tu reputación valió gorro.
Obsesionarte con no regarla jamás, en realidad, no sirve de nada, pero debes estar listo para componer las cosas rápido y bien. Tal vez tu reputación valió gorro por alguna mala decisión como una fusión que terminó mal o por acciones concretas como esa borrachera que te pusiste en fin de año por la que desde entonces te dicen el “José José”.
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Ya se sabe que el chisme es el deporte favorito del mundillo godínez, se propaga más rápido que la mononucleosis en una borrachera de pubertos, y de paso puede dejar tu reputación embarrada en los pasillos. De entrada, puedes sentir que es imposible componer las cosas terribles que dicen y piensan de ti, pero respira porque siempre se puede:
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Antes que nada, tienes que estar consciente del tamaño y gravedad de tu error. Solamente entendiendo a fondo lo que hiciste y las consecuencias podrás diseñar un plan correctivo inmediato y efectivo. Haz un recuento de los daños: a quiénes y cómo afectaste. Sé muy honesto. Olvida las cosas malas que digan de ti, eso solo te deprime y te deja desarmado sin esperanza.
Una vez que entendiste tu falta, reconócelo y discúlpate. Hacerte el loco, rogar a los dioses para que nadie se dé cuenta o esperar que el tiempo borre la falla no sirve. Habla de frente. El tamaño de la disculpa dependerá de lo que hayas hecho, puede que tengas que humillarte un poco si lo que hiciste fue terrible, pero nunca pongas tu dignidad e integridad de por medio.
No prometas, actúa en fechas claras y, lo más importante, cúmplelo. Tienes que ser consistente y muy congruente entre lo que dices y lo que haces.
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Quizá los demás te excluyan por un tiempo, pero no por eso te tienes que aislar más. Habla con sentido de pertenencia, di frases como: “Aquí hacemos, vendemos, trabajamos…”. Una de las medidas más efectivas para ganarte o recuperar la confianza de los demás es ser amable con ellos, además, eso te da la oportunidad de sentirte bien contigo mismo.
Cambiar la mentalidad de la gente es duro, pero cuando tu reputación está en la línea, tienes que entregar más. Un ejemplo muy simple: si por años te creaste una fama de impuntual porque la entrada es a las 9 y tu llegas tipo 11, empezar a llegar a las 9:05 no es la opción. Ve más allá y llega a las 8:45, exagera el cambio para que se note.
Solamente volverás a ser confiable en la medida en que persistas en tu plan de acción de cambio. Si no eres consistente, te puedo asegurar que el daño a tu reputación será infinitamente más alto que en un principio. No hay que esperar resultados durante la noche: obvio, entre más grave la falta, más tiempo podría llevarte volver a ser “bien visto”.
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Si empiezas a comportarte como no eres, nadie te creerá y las cosas podrían empeorar. Recuerda que tienes que componer un mal comportamiento o dos, no se trata de ir en contra de tu naturaleza.
No te puedes quedar atorado en las fallas del pasado. A la vez que trabajas tus cambios y mejoras, tienes que enfocarte en avanzar. No olvides que aún habrá gente que está en proceso de olvidar y de perdonarte.
¡No eres un árbol, muévete!
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Por: Helios Herrera