Salud mental
Por: Sofía Leviaguirre
Si procrastinas por minuto, estos hacks para aprender a engañar a tu cerebro para hacer cosas difíciles son lo que buscabas.
Parece que cuando quieres hacer algo complicado, tu cerebro se pelea contigo. No, no estás loco, es que tus patrones neuronales prefieren lo cómodo y conocido. La maravilla del cerebro es que se puede entrenar. Por eso, hoy te contamos cómo engañar a tu cerebro para hacer cosas difíciles.
Tu cerebro está diseñado para evitar el esfuerzo porque siempre busca ahorrar energía. Cualquier actividad que implique cambio, incomodidad o riesgo se interpreta como una amenaza. Por eso siempre dejas lo importante de lado y eliges lo fácil. Entender esto es clave para trabajar con tu mente en lugar de pelear contra ella.
Cuando una tarea se siente muy grande o pesada, tu cerebro activa el mecanismo de evasión. Si logras hacer que la tarea parezca más pequeña, simple o inmediata, se vuelve mucho más manejable. La clave es cómo la presentas.
Convierte cualquier tarea en una versión mini que puedas hacer en dos minutos. Leer un libro se convierte en leer una página. Ordenar el clóset en doblar una camiseta. Es tan pequeño que tu cerebro no puede resistirse.
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En lugar de decir “tengo que hacer esto”, pregúntate “¿cómo puedo hacer esto más fácil?”. El simple cambio de enfoque reduce resistencia y activa creatividad en lugar de estrés.
El 80% de la resistencia está antes de empezar. Engaña a tu cerebro diciéndote que solo vas a comenzar, no a terminar. Una vez que empiezas, la inercia hace el resto.
Deja listas las herramientas que necesitas: ropa para hacer ejercicio, tu laptop cargada, la cocina ordenada. Elimina micro obstáculos que activan la procrastinación. Cuando todo está listo para que hagas ese algo que estás evitando, tu cerebro no sabe cómo pelear.
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En lugar de pensar que algo es difícil, pesado o aburrido, cambia el nombre mental. No es ejercicio, es movimiento. No es limpiar, es crear orden. Este cambio baja la carga emocional.
Tu cerebro actúa según quién crees que eres. Si dices “yo no soy disciplinado”, vas a sabotearte. Cambia la narrativa por “soy alguien que hace pequeñas cosas todos los días”. Es más fácil y transforma tu comportamiento.
Cuando tengas un impulso positivo para hacer algo, actúa antes de que pasen diez segundos. Si esperas, la mente racional intervendrá con excusas.
Hacer cosas difíciles depende de entender cómo funciona tu mente. Cuando logras engañar a tu cerebro para creer que una tarea difícil es en realidad algo simple, breve o gratificante, tu cerebro deja de resistirse y empieza a colaborar.
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Por: Sofía Leviaguirre