Salud mental
Por: Sofía Leviaguirre
Validar a tu niño interior es crucial para una buena vida adulta. Con estos tips, tú también puedes darle voz a tu "yo" chiquito
Hay dolores y miedos que no sabemos de dónde vienen, y lo más probable es que sean heridas de la infancia. Si aprendes como validar a tu niño interior, puedes comenzar a sanarlas.
Esa parte de ti que guarda tus primeras experiencias emocionales, especialmente aquellas donde no te sentiste visto, escuchado o comprendido, es tu niño interior. También es tu lado más sensible y necesita mucho amor.
Así como muuuchos padres reaccionan negando o minimizando lo que sienten sus hijos, tú puedes estar haciendo exactamente lo mismo contigo. Decirte cosas como: “No fue para tanto”, “Hay gente que la pasó peor”, o “Ya debería haberlo superado”, son formas de negar, minimizar o descartar la experiencia emocional. El problema es que, cuando haces eso, repites el patrón original e ignoras a tu niño interior.
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Una de las cosas más importantes que tienes que entender es que no existe una sola verdad emocional. Dos personas pueden vivir la misma situación y recordarla de forma completamente distinta. Y lo mismo pasa contigo. Lo que viviste no necesita ser objetivamente grave para haber sido doloroso. Validar es decir: “Esto fue real para mí, y tuvo un impacto”.
El proceso no es complicado, pero sí demanda atención y honestidad contigo: Escucha sin interrumpir. Así como en una conversación sana, para cuidar a tu niño interior tienes que escuchar antes de responder. Aquí se trata de observar tus emociones sin querer corregirlas de inmediato. Si algo te duele, hay una razón. No lo discutas, escúchalo.
Nombra lo que sientes. Ponle palabras: abandono, miedo, vergüenza, tristeza. Nombrar la emoción reduce su intensidad y te ayuda a procesarla.
Evita justificar el pasado. Entender el contexto (por ejemplo, que tus papás hacían lo que podían) puede ayudarte, peeero no debe servir para invalidar tu experiencia. Las dos pueden coexistir. Sí, tus papás hicieron lo que pudieron y en el proceso hubo cosas que dolieron. No los hace los villanos, le da un lugar a tus emociones.
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Uno de los mayores deseos emocionales tanto en la infancia como en la adultez es sentir que alguien reconoce lo que viviste. Desde la psicología, no siempre se busca una disculpa perfecta, sino algo más simple pero poderoso: que tu experiencia sea reconocida. Ahora ese “alguien” puedes ser tú. Decirte “sí, eso me dolió” puede ser profundamente sanador.
También puedes ofrecerte lo que no recibiste en su momento. Date comprensión en lugar de juicio paciencia en lugar de exigencia y presencia en lugar de evasión. No puedes reescribir lo que pasó, pero sí puedes cambiar la forma en la que te relacionas con eso.
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Por: Sofía Leviaguirre