Salud
Por: Sofía Leviaguirre
Entre sus mil beneficios también te puede estar pasando facturas invisibles, ¿será mejor dejarlo? Te contamos qué pasa cuando dejas el café.
El café es quizá la parte más importante del ritual para despertar, pero, ¿qué le pasa a tu cuerpo cuando dejas el café? Sí, probablemente tu vida sea miserable unos cuantos días, pero a la larga, puede tener muchísimas ventajas para tu salud.
Tomar café es mucho más que darle un empujón de energía al cuerpo, porque el café tiene antioxidantes que pueden ayudar a mantenernos jóvenes. Peeero también es cierto que no a todo el mundo le cae igual de bien. Así como para algunos es un extra de energía y juventud, para otros puede ser fuente de ansiedad, insomnio, acidez y hasta ese temblorcillo de ojo inexplicable.
Si el café ha sido parte de tus mañanas toda la vida, dejarlo de golpe puede darte un grado muy leve (pero igual de real) del síndrome de abstinencia. Lo que pasa es que la cafeína genera dependencia física, así que eliminarla de un día para otro puede darte dolores de cabeza, falta de energía, sueño, brain fog y un muy mal genio. Pero pasará. Ahora, tampoco se trata de hacerte sufrir, por eso lo recomendable es bajarle a tu consumo poco a poco, literal, como ir soltando un mal hábito o una adicción.
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Una de las primeras cosas que vas a notar cuando dejes el café es que duermes mejor. Como la función de la cafeína es bloquear los receptores de adenosina, o sea, hacer que la sustancia que te da sueño no se registre en el cerebro, a la hora de dejarla haces que tus neurotransmisores reciban las señales de manera correcta. Y aquí viene el efecto dominó que hace que dejar el café valga la pena: dormir mejor puede hacer que despiertes con más energía, lo que a su vez reduce esa necesidad de volver a otra taza de café para sobrevivir el día.
La cafeína, como ya sabemos, es un estimulante que, en personas sensibles, puede disparar el estrés y la ansiedad. Si te das cuenta de que después de tomar café estás más acelerado, nervioso o con el corazón latiendo más rápido, dejarlo podría ser el primer paso para recuperar la paz mental. Aunque esto no significa que la falta de café sea la cura para la ansiedad, sí que puede ser una ayuda enooorme en el proceso.
El café nos da un empujón bastante fuerte para arrancar el día, el problema es que todo lo que sube tiene que bajar, y cuando esos picos de energía caen, nos dan los ataques de sueño inexplicables durante el día. Sí, los mismos que nos llevan a tomar otra y otra taza. Por eso, bajarle al café puede ayudar a estabilizar tu energía: hay lo que hay, pero siguiendo el ritmo natural de tu cuerpo.
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Si después de tu taza de café tienes acidez, reflujo, o la panza dura como globo, dejarlo puede ser una buena idea. Así como tiene antioxidantes, el café también es un irritante. Por eso lo prohíben los doctores cuando traes gastritis o problemas en la panza. Esto no hace del café el enemigo número uno del estómago, solo que si tienes tripa sensible es mejor medirte con la cantidad de irritantes que consumes. Lo mismo aplica para el picante, por ejemplo.
Como en todo, balance. Si sientes que el café te da más de lo que te quita, está lleno de antioxidantes y propiedades increíbles. Pero, si vives con mal sueño, dolores de panza, picos inestables de energía y ansiedad que te da el temblor de ojo, quizá lo mejor que puedes hacer es probar unos meses sin café en tu vida. Lo bueno del café es que puedes tomarlo y dejarlo según sientas que tu cuerpo lo pide. Y no te olvides de que si lo que te gusta es el sabor, siempre está la opción de un buen decaf.
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