Salud
Por: Sofía Leviaguirre
Si te has preguntado por qué a algunos les cuesta más trabajo hacer ejercicio, hoy te tenemos la respuesta (y soluciones para empezar)
Seguir una rutina no debería ser algo que se sienta imposible, pero en la práctica no todos tenemos la misma facilidad para movernos. No es falta de disciplina, es que te cuesta tanto trabajo hacer ejercicio. Pero tranqui, te contamos por qué (y qué hacer para arreglarlo).
Desde la ciencia detrás de la motivación hasta el ritmo que lleva tu cuerpo, hay factores que influyen muchísimo en por qué te cuesta hacer ejercicio.
La motivación para hacer ejercicio está profundamente ligada a la química cerebral. La dopamina, el neurotransmisor asociado con la recompensa, varía de persona a persona. Si tu cerebro produce o procesa menos dopamina ante la idea de hacer ejercicio, es natural que te cueste más comenzar una rutina. No es flojera, es biología.
A algunos les cuesta más porque nunca han encontrado la actividad correcta. Si eres hiperactivo, no importa cuántas clases de yoga pruebes, lo vas a abandonar. La actividad física debe alinearse con tu personalidad, tu energía y tus gustos. Tu dificultad puede venir simplemente de intentar un ejercicio que no está hecho para ti.
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Muchas personas crecieron con una relación negativa con el ejercicio. Quizá en la escuela el deporte era motivo de estrés, o era la clase en la que había comparaciones, burlas y presión social. Esas experiencias forman creencias profundas, como que “no soy bueno para esto”, “no me gusta moverme”, “no sirvo para el deporte”. Superarlas es reaprender a relacionarte con el movimiento.
El ejercicio puede ser más difícil según factores físicos. Si tienes menor capacidad cardiovascular, poca fuerza inicial, fatiga crónica, problemas de sueño o niveles bajos de energía por mala alimentación, el cuerpo no coopera. Cuando el cuerpo no está equilibrado, moverse se siente como una carga.
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Muchas veces la mente consume tanta o más energía que el cuerpo. Si vives bajo estrés constante, tu cerebro busca conservar energía y evitar cualquier actividad extra. Por eso, después de un día pesado, entrenar puede sentirse imposible.
Si te cuesta trabajo hacer ejercicio, hay razones reales detrás. No es debilidad ni falta de disciplina, sino una combinación de biología, historia personal y estilo de vida. Lo importante es encontrar una forma de movimiento que se adapte a ti.
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