¿Pooor?
Por: Redacción Moi
Estás en plena discusión, tienes clarísimo todo lo que quieres decir y justo cuando vas a soltarlo… se te quiebra la voz. No es drama: tu cuerpo también se metió a la pelea.
Seguro te ha pasado: estás discutiendo con tu pareja, tu jefe o tu mamá y empiezas muy digno, con argumentos y hasta pruebas, pero de pronto sientes que se te cierra la garganta, la voz empieza a temblar y, si alguien te pregunta “¿vas a llorar?”, peor tantito. ¿Pooor qué, si lo único que quieres es hablar, tu garganta decide dejar de cooperar? Resulta que cuando una conversación te mueve emocionalmente, no solo responde tu cabeza: responde todo tu cuerpo. Y la voz es una de las primeras en balconearte. Si es tu caso, te explicamos por qué se te corta la voz cuando peleas.
Cuando estás bajo estrés, te sientes amenazado o una emoción te rebasa, se activa el sistema nervioso autónomo. Esto puede hacer que los músculos de la laringe y los que están alrededor se tensen, incluidas las cuerdas vocales. ¿El resultado? Ya no vibran con la misma facilidad y tu voz puede salir apretada, débil, ronca o entrecortada.
Y todavía falta otro ingrediente: la respiración. Para producir la voz necesitas que el aire salga de tus pulmones de manera relativamente fluida y constante, llegue hasta las cuerdas vocales y las haga vibrar. Pero cuando estás a punto de llorar, enojadísimo o muy nervioso, tu respiración cambia: aparecen pausas, respiraciones rápidas y los famosos sollozos.
Si cambia el flujo de aire, también cambia tu voz. Por eso puedes saber perfectamente qué quieres decir y aun así sentir que las palabras simplemente no salen.
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No, no tienes una bola atorada en la garganta. Detrás de la laringe está el músculo cricofaríngeo, que funciona como una especie de compuerta en la entrada del esófago. Normalmente se relaja y se contrae durante el día, pero en momentos de mucha emoción puede tensarse más de lo habitual. Y ahí aparece esa sensación tan conocida de tener algo atorado en la garganta, aunque realmente no haya nada ahí.
A esta sensación también se le conoce como “bolo histérico” y puede aparecer relacionada con estrés, ansiedad y tensión muscular, aunque también existen causas físicas que pueden provocar una sensación similar, como reflujo, inflamación, infecciones o problemas de tiroides.
Así que no, no eres exagerado: el nudo se siente muy real aunque no exista un objeto bloqueando tu garganta.
El enojo, el miedo, la tristeza o la frustración pueden activar respuestas físicas parecidas. Por eso hay discusiones en las que empiezas queriendo poner a alguien en su lugar y terminas intentando que no se te salga la lágrima. Y ojo: que se te quiebre la voz no significa que perdiste la discusión ni que eres débil. Simplemente tu cuerpo está respondiendo a una situación emocionalmente intensa.
La buena noticia es que normalmente es pasajero. Cuando baja la intensidad emocional, la respiración empieza a normalizarse, los músculos se relajan y la voz vuelve a cooperar.
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Antes de seguir aventando argumentos mientras tu garganta está en huelga, respira. Inhalar por la nariz, exhalar lentamente, tomar agua y relajar cuello y hombros puede ayudar a bajar la tensión. Y chance también necesitas darte unos minutos antes de seguir hablando. No porque estés huyendo de la conversación, sino porque cuando tu cuerpo está en modo alerta probablemente no estás teniendo precisamente la discusión más productiva de tu vida.
Eso sí: si la sensación del nudo aparece constantemente, no tiene relación con momentos emocionales o viene acompañada de dolor, reflujo, dificultad persistente para tragar o inflamación visible, vale la pena consultarlo con un especialista, porque no todos los nudos en la garganta son emocionales.
Así que la próxima vez que estés en pleno “tenemos que hablar” y la voz empiece a abandonarte, ya sabes: no es que de repente se te hayan acabado los argumentos. Tu cuerpo también tiene algo que decir.
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Por: Redacción Moi