Nutrición
Por: Sofía Leviaguirre
El psyllium es la fibra que no sabías que tu cuerpo necesitaba. Puede mejorarlo todo, y aunque suene a milagro, en realidad es pura ciencia
En los últimos años la chía se ganó un lugar en casa de todo el mundo, pero, eso es porque no conocíamos el psyllium, la fibra de moda que tu intestino va a amar. Así que llegó el momento de hacerle espacio a otro ingrediente en tu alacena. Te contamos todo sobre él.
El psyllium es una fibra soluble que se ha convertido en una de las más estudiadas por sus beneficios para la salud intestinal. Además, ayuda a controlar el colesterol, regular el azúcar en sangre e incluso puede ayudarte a perder peso. De hecho, un estudio de P&G confirmó que tomarte tu dosis diaria de psyllium antes de comer hace más fácil que bajes de peso. Su magia está en que al entrar en contacto con el agua, forma un gel que le echa la mano a toooda la digestión y te ayuda a absorber carbohidratos.
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Aunque no es una fórmula mágica, sí puede convertirse en un gran aliado. Como decíamos, al tocar el agua el psyllium forma un gel adentro del estómago que da la sensación de saciedad. O sea, te ayuda a comer menos. Y ya sabes que bajarle a las calorías es clave para bajar de peso. Pero sí tienes que fijarte en que compres uno que no tenga ingredientes añadidos. Hay muchos suplementos que dicen psyllium pero en realidad son un cóctel de otras cosas. Entre más simple sea lo que te tomas, mejor.
Además, el psyllium es la navaja suiza de las fibras, y es que funciona tanto para ayudar con el estreñimiento como para controlar algunos episodios de diarrea. Lo que pasa es que, cuando estás tapado, te da algo de volumen para movilizar tus intestinos, pero cuando hay diarrea, absorbe el exceso de agua y te ayuda a ir normal. Esta doble acción lo hace el mejor amigo de tu intestino si vives con síndrome de intestino irritable.
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Ahora que sabes las maravillas que hace por ti esta fibra, seguuuro la quieres probar. Casi siempre vas a encontrar el psyllium en forma de cáscara, semillas o polvo. La clave está en mezclarlo siempre con suficiente agua (entre 250 y 350 ml) y tomártelo justo después de mezclar. Lo que quieres es tomarlo antes de que espese demasiado. También se lo puedes poner al yogurt, a la avena o a tus smoothies para subir un poquito tu consumo diario de fibra. Eso sí: si hoy por hoy no comes nada de fibra, lo ideal es empezar con poco a poco, por ejemplo, con media cucharadita al día, y subirle a la dosis según te vayas sintiendo.
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