Tus papás decretan tu destino

En tu casa te dicen “la gordita”, “el chistoso” o “el tímido”. ¡No tienes que creer que eres así!

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Una mujer joven, guapa, con carrera y con novio llegó a mi terapia. Cuando hablaba de cosas que la molestaban, su cuerpo no expresaba nada, su rostro casi no se alteraba, excepto por su mirada y un tic nervioso en la pierna que no cesaba de mover.

“No puedo irme de vacaciones con mi novio, mi madre dice que las mujeres  que tienen sexo antes del matrimonio son unas golfas y ningún hombre las toma en serio”. “Y tú ¿qué piensas?”, le pregunté. Un poco de silencio seguido por “no sé, realmente no lo sé”. Al revisar su vida se da cuenta que ya se lo creyó. A su edad, se deja guiar por las palabras de su mamá e ignora sus propias necesidades y deseos.

Y puedo seguir relatando historias de personas que vienen a terapia, llenas de vergüenza, de culpas, con una autoestima por los suelos, intentando salir de una depresión.

¿Cómo empezó esto? ¿Nacimos así? ¡No! Nuestra dañada autoimagen se alimentó de nuestro entorno. Las personas que nos rodeaban, especialmente a los papás, fueron los espejos rotos que nos reflejaron una imagen distorsionada de quien somos, plantando en nuestros tiernos inconscientes la semilla de eso en lo que poco a poco nos convertiríamos.

Muchas veces con la mejor de las intenciones, nuestros mayores nos impusieron sus estándares y sus valores. Nos llenaron de ideas, creencias, miedos y nos impusieron sus decretos y éstos “infectaron” nuestra propia percepción.

¿Cómo no seguir el camino de mis papás? 

Los adultos en general debemos recordar que cada frase que digamos a los menores acerca de ellos o sus conductas son decretos.

“Niña, no comas así. Mira lo gorda que estás” la niña a quien la madre le decía esto “por su bien”, tiene un severo trastorno alimenticio y la autoestima en el suelo.

“Eres un mentiroso otra etiqueta para el niño, decir mentiras se vuelve parte de lo que “es”.


“Cuídate de los hombres, todos son unos mentirosos”
la mujer que escuchó esto de niña, tiene problemas para relacionarse con los hombres. Sus relaciones están llenas de desconfianza y miedo y lo irónico es que lo que este decreto logra es que efectivamente se relacione con hombres mentirosos.

 

Debemos recordar que no podemos juzgar, señalar o etiquetar a nadie. Mucho menos a nuestros hijos o a los menores. ¡Hay que prestar atención a lo que decimos y cómo lo decimos!

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Psicoterapeuta especializada en la codependencia y las relaciones de pareja. Imparte conferencias y talleres. Es autora de dos libros: Amor ... ¿o codependencia? y Lo que ellos dicen sobre ellas

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