Transforma tu culpa en poder

Puedes vivir encadenado a tus errores o aprender de ellos y liberar ese horrible sentimiento de culpabilidad. 

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Por: Magui Block

 

El problema de la culpabilidad es que no te deja pasar a la acción porque estás dividido internamente entre lo que quieres y lo que debes. Este mal manejo de la culpa te hace entrar en un ciclo en el que tu autoestima baja y tu malestar se eleva. Además, te roba el presente, te impide tomar acciones en el ahora y te esclaviza a un sufrimiento del pasado y que no puedes cambiar. Suena trillado, pero es cierto: lo único que puedes hacer es modificar tu actitud y hacer algo positivo con las lecciones que aprendiste, y esto solo va a pasar cuando seas capaz de reconocer tus fallas.

¿Cuándo es una cadena?

  • Vives buscando culpables de todo lo que te pasa.
  • Te paralizas cuando te das cuenta que cometiste un error.
  • Te llenas de pensamientos negativos.
  • Te devalúas, juzgas y criticas.
  • Devalúas, criticas y lanzas juicios hacia los demás.
  • Piensas y piensas en lo que pasó, pero sin hacer nada para arreglarlo.

 

Si te sientes terrible porque dañaste a alguien, puede que exista alguna manera de reparar tu falta, eso es mejor que cargar con ella. Y tenerla no es terrible, pues hace que las personas sanas y conscientes nos diferenciemos de los psicópatas. 

 

¿Por qué nos aferramos a ella? 

Cuando hacemos algo “malo”, por ejemplo, lastimar a alguien querido, sentimos que merecemos un castigo. Sentirnos culpables es la manera de pagar el daño que causamos. Además, así nos evitamos un castigo que podría ser peor.

Tenemos la idea de que si nos equivocamos o no hacemos lo que “se debe” y al mismo tiempo sentimos culpa, entonces somos personas buenas. Por el contrario, si no nos sentimos culpables asumimos que somos malos, nos juzgamos demasiado y nos autodenominamos personas sin conciencia. Solo una persona muy mala le haría daño a alguien (o a sí misma) sin sentirse mal, ¿verdad?

El problema con esta manera de pensar es que luego nos vamos a los extremos y nuestra idea de “hacer daño” puede incluir un montón de cosas que cometemos en nuestro acelere cotidiano; por ejemplo, terminar todos los pendientes de la oficina, saltarte la clase de pilates para poder dormir más, no contestarle el teléfono a tu mamá, ¡hasta poner límites nos da culpa!

 

Cuando nos invade la culpa creemos que somos malos y la pasamos bastante mal hasta que logramos tener otra actitud al respecto. Solo cuando aprendemos que las equivocaciones son parte de nuestra evolución y que en cada paso que damos tenemos la oportunidad para mejorar el que sigue, podremos vivir más tranquilos.

 

Pon a trabajar tus sentimientos de culpa

  • Reconoce que sientes culpa y ubica la causa.
  • Identifica qué tipo de culpa. A) Sistémica: si es porque estás rompiendo las reglas de algún grupo al que perteneces y lo que estás haciendo es para tu beneficio, ármate de valor y asume el precio de crecer. Lo más probable es que se te quite al tolerarla. Recuerda que no estás aquí para hacer lo que los demás quieren que hagas. B) Real: Si hiciste algo que necesita ser compensado o corregido. ¡Hazlo!
  • Aprende la lección de la experiencia. Céntrate en lo que tienes que aprender de la situación y pregúntate si tu sacrificio va generar un cambio real en tu estado o en el de los demás.
  • Perdónate. ¿Qué crees?, todos nos equivocamos y tú solo eres un ser humano como todos los demás.
  • Ten clara tu responsabilidad. Asúmela, esto es lo que te llenará de poder. Regrésale a los demás la suya, esto te liberará para hacer tu vida sin tener que cumplir las expectativas de otros.

 

Imagina que despiertas un día y todo ese peso que cargas lamentándote por lo que dijiste, hiciste o dejaste de hacer, se transforma en una herramienta eficaz para cuidar más tus palabras y acciones. Deja de perder el tiempo y utiliza la culpa a tu favor, de lo que se trata todo es de ser más feliz. 

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