¿Te odias por equivocarte?

Todas las personas, como parte de nuestro desarrollo normal, atravesamos una o varias fases obsesivas que nos sirven para afianzar nuestros criterios y hacer las cosas bien

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La mayoría de nosotros pasamos con éxito por esta etapa para después caer en la adolescencia, donde aterrizamos en los terrenos del cuarto hecho un desastre, la impuntualidad, la rebeldía y las fachas que enloquecen a las mamás.

Finalmente llega la adultez con una sabia mezcla entre cumplir las responsabilidades y disfrutar los placeres mundanos. Esto en el mejor de los escenarios, porque hay personas que nomás no soportan que la realidad se salga del cuadrado donde pretenden acomodarla.

¿Qué pasa cuando somos adultos y seguimos con las mismas obsesiones, cuando nuestra inflexibilidad nos hace sufrir, cuando los imprevistos naturales del día a día nos hacen perder el estómago por el agobio? Pasa que estamos pecando de perfeccionistas y como ya te habrás dado cuenta, la perfección no existe y hay una diferencia muy grande entre dar todo de sí, hacer grandes esfuerzos, pero saber relajarse ante los pequeños errores y vivir irritado, nervioso, cansado y estresado.

El perfeccionismo surge en la infancia, cuando no podemos formar un vínculo de apego seguro con nuestros padres porque estos no pueden atender nuestras peticiones de afecto y seguirdad. A través de la perección se busca atraer su atención, pero los precios que paga don perfecto son muy altos.

Es inevitable que este tipo de personas vivan en el tremendo dilema de cumplir con un esquema de perfección y tolerar la ansiedad y el estrés de saber que las cosas no siempre quedan “como deberían”. Para la psiquiatría este desvalance cabe en lo que se conoce como un rasgo obsesivo de la personalidad.

LAS MANÍAS DE DON PERFECTO, ¿TE IDENTIFICAS?

-No puede irse a dormir hasta que la bandeja de entrada del mail quede vacía y todos lo correos hayan sido contestados.
-Va corriendo por el encargado de los lockers del gimnasio porque alguien está usando su regadera favorita.
-Se despierta a la mitad de la noche porque durante su sueño se acordó del libro aquel que no le han regresado y que ni siquiera le gustaba tanto.
-Es la fecha de entrega de un trabajo importante y prefiere desvelarse para terminar de darle la última revisión (lleva como 15 revisiones) porque no puede tolerar que se le haya pasado un error.
-Llega tarde a la oficina porque no encontró la corbata que planeaba ponerse con el traje que quería usar.

¿Qué hacer?

  1. Observarte
    2. Identificar tus sentimientos durante las actividades del día
    3. Priorizar
    4. Administrar tus esfuerzos de acuerdo a tus prioridades

Otra solución, creada por el doctor Jeff Szymanski, instructor de psicología de la Escuela de Medicina de Harvard, es que pensemos en nuestros proyectos y les asignemos una letra según nuestras prioridades. y si nada funciona ve haciendo la cita con el experto en salud mental.

A) Requiere 100% de esfuerzo
Es lo más importante para nosotros. Por ejemplo, el trabajo, que los clientes estén felices o que todo funcione bien en la oficina.

B) Requiere un 80% de esfuerzo
Son actividades disfrutables,pero no requieren una atención absoluta, por ejemplo, hacer algún deporte.

C) Esfuerzo promedio
Tener la casa ordenada es algo importante, pero si no recibes visitas a diario, ¿qué tanta energía debes gastar en dejarla impecable? Podrías limpiarla los fines de semana y relajarte el resto de los días.

D) Sin esfuerzo
Estas actividades te quitan mucho tiempo pero no aportan ningún valor. Por ejemplo, alinear toda tu ropa por tipos y colores. Actividad que, después de reflexionar, puedes concluir que no vale la pena sufrir por hacerla.

 

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