Razones por las que puedes terminar con ansiedad

¿El día no te alcanza? ¿Andas por la vida con miedo a que te corran o te corten? ¡Aguas!, vivir así sólo te desgasta y, si te descuidas, puedes terminar con un trastorno de ansiedad. 

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30% de la población padece algún trastorno de ansiedad en un punto de la vida, del cual, 7 de cada 10 son mujeres. Según el Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad.

La ansiedad es una respuesta de nuestro organismo a situaciones nuevas o que percibimos como amenazantes. Es normal en ciertos casos, como la sensación que tienes después de un temblor o en la sala de espera cuando están operando a un familiar, pero se vuelve insana cuando es tu estilo de vida, cuando te la llevas a dormir, a trabajar y hasta a las vacaciones.

Vivir con ansiedad no es vida porque tu consumo de energía es muy alto. Es como si tu organismo estuviera todo el tiempo a la defensiva. Esta situación genera problemas musculares por la tensión, gastrointestinales, insomnio o que despiertes muy temprano porque los temas que te angustian no te dejan en paz. También te hace sentir fatiga crónica por el desgaste de energía, que podrías usar para actividades más creativas y productivas.

Cuando la ansiedad se convierte en una patología, o sea, que sube de nivel, puede llevar a la persona (de la nada) a vivir ataques de pánico, tener sensación de asfixia, palpitaciones, sudor de manos y miedo a morirse, entre otras cosas, que son un obstáculo para sus actividades diarias y que necesitan tratamiento médico y psicológico.

EL TÍPICO ANSIOSO…

Está a la defensiva. No se le puede decir nada porque de inmediato se defiende.

Inquieto e intranquilo. Su mente nunca para y los pendientes no lo dejan en paz.

Interpreta la vida como una amenaza. Vive sin confiar y piensa mal de todo.

Es controlador. Tiene la fantasía de que puede dominar y abarcar todo.

Va de prisa siempre. No tiene tiempo que perder, porque la vida se le va y necesita alcanzarla.

Es inseguro y aprensivo. En el fondo no confía ni suelta.

 

¿DE DÓNDE VIENE? 

No saber delegar. Llenarte de actividades y querer resolver todo sobreexigiéndote y haciendo que tu cabeza tenga mil pendientes a la vez.

Ser un desorden con el tiempo. Si vas siempre con prisa y tarde, llegarás ya ansioso a los lugares y con desventaja.

Postergar. Dejar mil pendientes para después.

El celular todo el tiempo en la mano. Estar alerta todo el tiempo de si ya tienes un correo, si ya le dieron like a tu foto de Facebook, si ya se conectó no sé quién en el WhatsApp o si ya le dieron RT a tu último tuit son una fuente de ansiedad. Nota: ¡el celular no se lleva al baño! ¡Guácala!

Querer ser perfecto. Genera toda la angustia del mundo, porque, ¿qué crees? Nadie es perfecto.

 

PONLE FRENO A LA ANSIEDAD

Salir de la fantasía. Detrás de la ansiedad siempre está la fantasía de un miedo: me van a correr, me va a dejar… Pon en paz a tu niño interior, ése que siente que no puede y no confía, y mira con objetividad las circunstancias. Puedes hablarle y darle paz.

Aprende a respirar profundo. Cuando empieces a acelerarte pon en práctica algo que te ayude a relajarte, como bajar tu ritmo, respirar profundo y hacerte saber que todo estará bien.

Practica alguna actividad. Caminar, bailar, correr, lo que quieras y disfrutes. Pero no lo veas como un pendiente más, porque si no en vez de relajarte te va a dar más ansiedad.

Libérate de la tecnología. Date vacaciones de tu teléfono. Vete al cine o a cenar con tu pareja sin él. Así tu atención estará centrada en una sola cosa a la vez.

Disfruta lo que haces. Respira y pregúntate: ¿estoy aquí disfrutando el momento? Trata de estar más presente y agradece las oportunidades que te da la vida.

Confía en que puedes vivir la vida en paz. Mereces disfrutar y no llenarte de mil cosas, que es otra forma de no vivir.

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Anamar Orihuela es psicoterapeuta. La encuentras en anamarorihuela.com.mx. Ámate a ti misma para amar a los demás.

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