¿Qué hacer cuando el pasado nomás no te suelta?

¿Por qué nos quedamos atrapados en las mismas circunstancias aunque cambiemos de trabajo, de pareja y de vida? Vivimos la misma historia con nuevos personajes

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Recuerdo el caso de una paciente que estaba limpiando su archivo y encontró una carta que le escribió a un ex novio que tuvo hace muchos años. La sorpresa fue que parecía como si se la estuviera escribiendo ¡al novio actual! Eran los mismos reclamos, los mismos sentimientos de insatisfacción, vacío y enojo.

 

Si no has superado experiencias que te marcaron y no cerraste ciclos, siento decirte que conoces el presente solo por circunstancia pero estás atrapado en el pasado. Cuando hay asuntos inconclusos en tu interior, se genera una “compulsión de repetición”, lo que Sigmund Freud llamó a ese impulso de repetir situaciones, momentos, pensamientos y escenas dolorosas, sintiéndote atrapado en esa realidad sin poder avanzar.

 

Personas que no puedes dejar ir
Son personas a las que amaste mucho, que marcaron una diferencia en tu vida, normalmente relaciones que terminaron de manera dolorosa y no pudiste finalizar su ciclo. Por ejemplo, cuando hay una muerte, cuando hay traición, cuando te rechazan. Son dolores tan profundos que se quedan en tu inconsciente como un mecanismo de defensa y en un ciclo abierto que te hace atraer personas con quienes revives situaciones que te hacen sentir igual.

Acuérdate de esa novia de la secundaria que amaste tanto y que te engañó con tu mejor amigo; posiblemente fue una decepción tan fuerte que nunca te diste el derecho de expresar el dolor y sanar, por lo que hoy no puedes volver a confiar en otra mujer y siempre estás sintiendo que te van a traicionar. Conscientemente, quizá ni recuerdas a la infiel de la secundaria, pero ya te cerraste a volver a confiar y traduces la realidad como una traición. Una manera fácil y común de quedarte atrapado en el pasado es no resolver, no expresar y no sanar las experiencias que duelen. El dolor no sanado se convierte inmediatamente en una defensa que interpreta la vida como una amenaza y te cierra a realidades diferentes.

Situaciones traumáticas con tus papás

¿Cuántas veces has sido consciente de que con tu pareja actual repites situaciones dolorosas como las que viviste en la infancia? Te sientes igual a esa niña de cinco años: abandonada, ignorada o poco vista. Cuando vives en el presente y no en el pasado te das cuenta de que no eres una niña, no tienes cinco años, tu pareja no es tu padre y nadie puede abandonarte porque ya eres una adulta.

Si tienes una memoria traumatizada, te quedas en el pasado y no te das el derecho de enfrentar la situación como la persona que eres hoy, que tiene habilidades emocionales diferentes, madurez y experiencias que te han dejado nuevas herramientas. Cuando estás atrapado en el pasado, el tú de cinco años vive tu realidad y trata de resolverla, por eso no le das chance al adulto con toda una experiencia de vida.

Una forma de vivir el presente es resolver los dolores del pasado; pero, ojo, no basta con olvidarlos, hay que trabajarlos, porque ellos actúan en tu inconsciente.

Odio hacia tus papás (o uno de ellos)

Parece increíble, pero podemos pasarnos toda una vida queriendo ser diferentes a nuestros padres, evitando sus errores y alejándonos de sus conductas, pero si lo haces desde el enojo y el rechazo, es un claro camino para terminar construyendo exactamente lo mismo.

Recuerdo a Sonia, que creció con una madre tan violenta que decidió nunca ser violenta con sus hijos; cuando había discusiones, ella se quedaba callada para no gritar como lo hacía su mamá, pero al final su silencio fue un modo de violencia tan fuerte que tuvo el mismo efecto en sus hijos que su mamá en ella: un gran enojo y rechazo.

Es complejo, parece que la ley de la vida nos hace andar ligeros y sin rencores para seguir avanzando por nuestro propio camino. Pero hay que aprender a hacerlo sin creer que vas a morir en el intento: si no sueltas tu dolor no puedes avanzar a la siguiente etapa, así de fácil. Y si no avanzas, nunca vas a ser feliz.

Negarte crecer y responsabilizarte

El otro día, una paciente me dijo: “Le presté dinero a mi hermanito porque pobre, ¡no puede pagar su renta!”. Y yo pensé de inmediato que ella se refería al hermanito como un niño y se me hizo raro, le pregunté: “¿Cuántos años tiene tu hermanito?”, y cuando me contestó: “43 años”, me quedé sorprendida. Le dije: “¿Te diste cuenta cómo te refieres a él? Parece que estuvieras hablando de un niño chiquito”. Y ella me dijo: “Sí, ya sé, es que tiene 43 pero parece un niño. Es noble y frágil”. ¡Y yo que me voy para atrás como Condorito! ¿Cuántas personas actúan como niños, sin responsabilizarse de su vida? Le complican a los demás la suya porque siempre hay padres adoptivos (o biológicos) a quienes les encanta resolver vidas para sentirse útiles. Esta es otra forma de no superar el pasado: querer ser un niño débil, frágil y que siempre necesita a los demás. No es solo lo que le quitas a los otros, es que tú te quedas sin la posibilidad de crecer en todo lo bueno que eres. Es momento de crecer, de hacerte responsable de tus actos y, por lo tanto, de tus éxitos.

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Anamar Orihuela es psicoterapeuta. La encuentras en anamarorihuela.com.mx. Ámate a ti misma para amar a los demás.

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