¿Por qué explotamos?

Un enojo desenfrenado te dura media hora máximo, así que mejor no tomes decisiones permanentes por emociones temporales

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El despertador no sonó cuando debía, se te hace tarde y el tráfico está terrible. Un coche se te cierra y te rebasa. Por su culpa de toca el alto. Llegas tarde a trabajar y te das cuenta que se te olvidaron los papeles que necesitabas. Tu cerebro no soporta más: estallas, gritas y crees que nadie te entiende, estás furioso. Y espérate, porque ahora buscas un culpable, estás listo para pelearte con el primero que pase.

Nos enojamos cuando nos sentimos engañados, excluidos, si somos agredidos emocional o físicamente, al sentir rechazo, cuando se nos acusa, al sentir una humillación, ante la frustración de no lograr lo deseado o no recibir lo que creemos justo. El enojo como reacción inmediata no está mal, de hecho nos ayuda a adaptarnos a los cambios y a buscar alternativas.

El problema es cuando nuestro enojo nos mete en discusiones interminables, nos hace tomar riesgos innecesarios o actuar por impulso. Si estamos enojads siempre y toto nos parece un buen motivo para reventar, nos convertimos en agresivos crónicos, y eso nunca lleva a nada bueno.

¿Qué pasa en el cerebro?

Vuelta y vuelta con lo mismo. Cuando nos enojamos, el hipocampo recuerda, asocia y distingue lo que nos molesta, mientras los ganglios basales sueltan información que nos hace tener pensamientos obsesivos y compulsivos.

Jetas y groserías. La amígdala cerebral genera la emoción, las malas palabras, la impulsividad y todos los gestos y carotas que haces. Es el lugar de comando del enojo; la magnitud de nuestra ira depende directamente y en forma proporcional de la actividad de la amígdala.

El inicio de una discusión puede generar tanta irritación como para quitarnos la parte más inteligente del cerebro y dejarnos los módulos de las emociones sin control. La consecuencia es decir groserías, reaccionar violentamente, provocar, elegir alternativas sin pensar en el futuro, ser impulsivos e incluso terminar relaciones o proyectos de vida.

Maneja la ira

-Piensa tres veces antes de abrir la boca
-Haz el esfuerzo, a veces sobrehumano, de no hablar cuando estés furioso
-Empieza tus frases con “yo”, como: “yo me siento enojado” en lugar de: “tú sacas lo peor de mí”
-Evita a toda costa las palabras “nunca” y “siempre”
-Traduce expectativas en deseos. Cuando uno está enojado exige y demanda. No sabe pedir. Si sigues estirando la liga tendrás que atenerte a las consecuencias, ¿vale la pena?
-Cambia la discusión de locación. Eso bajará la tensión
-Acuérdate que amar a alguien en los buenos momentos es facilísimo. Lo difícil es amarlo cuando lo estás odiando

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Médico cirujano con Doctorado en Neurociencias.

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