Así es como puedes dejar de procrastinar

Deja de darle largas a lo que tienes que hacer y ponte a hacer cosas productivas

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Podemos definir la procrastinación como el hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. A grandes rasgos, podríamos decir que existen tres componentes principales para caer en esta forma de vida.

GRATIFICACIÓN INMEDIATA
El ser humano está programado para el placer y en la medida de lo posible, para evitar el esfuerzo desagradable. Por eso, ante situaciones donde, a pesar de que la lógica y la razón indican que lo mejor es hacer con tiempo nuestros deberes, nos gana la tentación de hacer algo más placentero.

CULPA
Esta ma parece el peor componente de la vida del procrastinador. Decides ponerte a navegar en la hondura de los videos de YouTube, investigando por qué es tan importante el descubrimiento de las ondas gravitacionales en lugar de terminar la tesis, pero… ni siquiera puedes disfrutar esta actividad porque una parte malvada de tu cerebro se encarga de recordarte constantemente: “tienes algo pendiente, no deberías estar perdiendo el tiempo, hay cosas más urgentes que hacer”. Por lo tanto, no cumplimos con lo que tenemos que hacer, pero tampoco disfrutamos al 100% las cosas placenteras que hacemos en lugar del trabajo. O sea, #estamosjodidos

EL ESTADO DE EMERGENCIA
Ya lo describimos en el ejemplo, pero lo podemos resumir con la típica y dañina frase: “es que yo trabajo mejor bajo presión”. Pregúntale a tu cuerpo si a él también le gusta estar bajo toneladas de estrés.

No dejes para mañana… 

1. Obsérvate bien.
Analiza detenidamente tus hábitos para que identifiques qué es lo que te hace posponer tus tareas. ¿Flojera?, ¿distracciones?, ¿falta de disciplina?

2. Reflexiona en lo que quieres lograr.
Haz una lista de lo que te haría obtenerlo y otra de lo que ocupa tu tiempo, compáralas y ponte metas pequeñas, realistas y cotidianas.

3. Haz una línea de tiempo y asigna horarios específicos y fechas límites para cada una de tus tareas, por más pequeñas que sean, no te confíes y no se lo dejes a la inspiración.

4. Cuando tengas que hacer algo “a fuerza” no le metas energía al hecho de que te choca, que es aburrido, que por qué tú, ponte a hacerlo y ya. Mientras más rápido empieces más rápido terminas.

5. Trabaja en ambientes productivos, no te atiborres de pilas de papeles, tazas sucias, termos, teteras o el lapicero de Batman hecho un asco. Que tu lugar esté limpio e inspire a pasar horas en él.

6. Administra todas las distracciones del internet y el teléfono, ya sabes que todo eso es un hoyo negro: el Facebook, el Twitter, Whatsapp, Snapchat, Tinder, Youtube… etc.

7. Estar listo no es lo mismo que estar preparado, puedes estar preparado para hacer el trabajo, pero pregúntate: ¿tengo todo listo para empezar?

8. Olvida que existe la perfección absoluta y mejor enfócate en la efectividad. No te claves en “no empiezo hasta que tenga todo”, arranca ya mismo.

9. Olvida el “¿qué pensarán los demás de mi trabajo?”. Ponte a hacerlo, luego averiguas. Si no les gusta por lo menos tú ya tendrás algo hecho.

10. Crea un sistema de recompensas para celebrar cada logro. Y otro de pequeños castigos, pero tampoco te des latigazos, sé paciente contigo.

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