Aprende a pedir ayuda

Hay una gran dosis de humildad en pedir ayuda, y una enorme cantidad de soberbia en no hacerlo. La diferencia entre una y otra es una pequeña línea llamada autoestima

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Cuando uno se conocee, se quiere y se respeta, sabe detectar cuándo está abusando de sus tiempos de descanso, de su salud o de su paz mental. Quien no sabe establecer límites sanos entre las ocho áreas más importantes de su vida -laboral, familiar, salud física, vida social, profundidad espiritual, dinero, proyectos intelectuales y amor/sexo-, abusa de sí mismo y acaba por quemarse o hasta conseguirse una enfermedad.

¿CÓMO SE PIDE AYUDA?

A los tres años aprendimos tres palabras que marcaron el resto de nuestra vida: “yo puedo solo”. Pues dicho y hecho. Solos tenemos que poder, porque el mundo no es adivino y, literalmente, al que no habla, Dios no lo oye. ¡Pero no más! Es hora de aprender que no es necesario hacerlo solo, aunque puedas.

  1. El primer paso para pedir ayuda es darte cuenta de que algo te está molestando. Al principio no acabas de ubicar dónde está la herida, pero nomás no estás bien y necesitas de alguien más. Siempre, lo primero es aceptar que tienes un problema.
  2. De repente, la vida te pone en frente a una amiga, un artículo (como este), un podcast, una conferencia, ¡algo! donde escuchas algo que te hace mucho sentido, te identificas y dices “por ahí es el tema”. Entonces se siembra una semilla y empiezas a pensar que no necesariamente tienes que sentirte así. Que igual y sí hay solución.
  3. Decides abrirte, ya es hora de contarlo. No es precisamente un grito de ayuda, pero le cuentas a alguien lo que has estado viviendo y esperas que sepa reconocer en tus palabras la necesidad de ayuda que estás lanzando al mundo. Pero así no te va a servir.
  4. Por fin te hartas de estar mal y te acercas a quien crees que puede ayudarte o sugerirte con quién acudir. Ahora sí, no hay vuelta atrás: necesitas que te ayuden y lo solicitas. Pero debes ser muy específico, no se vale decir “nadie me quiere ayudar” si no lo pides directamente. El día que lo hagas, tu alma descansará; cuando te escuchan sientes esperanza y puedes dormir tranquilo.

MITOS SOBRE EXTERNAR NECESIDADES

  • Si muestras tu debilidad, la gente te va a atacar
  • A nadie le importa lo que te pasa, no los mortifiques con tus historias
  • Llora y llorarás solo, ríe y el mundo reirá contigo

Estas sentencias tan equivocadas las aprendimos en casa y se nos quedaron grabadas en el mármol de la memoria. Parecía que al pedir ayuda le dabas permiso a la gente de meterse en tu vida, de tener poder sobre ti, que después utilizarían para destruirte al conocer cuál es tu kriptonita.

La verdad es que solicitar apoyo, escucha o apuntalamiento no muestra tu lado más débil sino el más asertivo. Todos tenemos derecho a pedir, a expresar lo que sentimos y necesitamos; eso no nos convierte en seres defectuosos. Por el contrario: nos hace más humanos y cercanos a los demás. Todos somos seres sociales, necesitamos de otros. Pedir ayuda solo pone de manifiesto que sabes reconocer tus fortalezas y las áreas en las que necesitas apoyo. Es aceptar que tienes dones con los que puedes servir a otros, pero también tu necesidad del hombro de otro para recargarte.

PAGAR POR AYUDA

Dicho así, suena terrible y ese sigue siendo el concepto equivocado que muchos tienen de tomar terapia. No es pagar para que te oigan: es contratar servicios profesionales para que te orienten y fortalezcan en momentos de turbulencia en la vida. Toda terapia es como ponerte unos flotadores para poder respirar en lo que se calman las aguas o aprendes a nadar. Es temporal y muy, muy reconfortante. Es como ir con alguien en una lancha: tú remas, pero tienes quien te guíe en el camino.

 

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