Amor y parejas
Por: Aura Medina de Wit
El divorcio duele, claro que sí. Pero parece ser que a los cinco años una ya se siente mejor que antes.
Deacuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Lausana, en Suiza, las mujeres que se divorcian de su pareja se vuelven más atractivas y felices. Si tu relación está en la cuerda floja y estás pasando uno, sigue leyendo, porque el 61% de las mujeres se sienten más felices cuando se divorcian.
La investigación estuvo a cargo de Linda Charvoz, quien analizó a 10 mil mujeres separadas y descubrió que las divorciadas tenían más independencia, libertad y seguridad en sí mismas. Tras pasar por algunas crisis emocionales —comunes después de un rompimiento sentimental—, Charvoz encontró que, al analizar los elementos que fallaron en su relación, las mujeres perciben a sus exparejas como menos atractivas física, sexual, social e intelectualmente que a ellas mismas.
Eso marca una transformación: comienzan a ponerse como prioridad y a enfocarse en sí mismas, volviéndose más independientes y autónomas. Las mujeres que piden el divorcio suelen pasar por este proceso mucho más rápido que aquellas que lo reciben. Sin embargo, tras cinco años de separación, según un estudio de la Universidad Kingston, del Reino Unido, su nivel de felicidad aumenta significativamente.
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Este texto lo extraje de un artículo en Internet. No me sorprendió; esperaba algo así, lo confieso. Siendo una mujer que vivió un divorcio —que, aunque pedido por mí, no dejó de ser difícil—, pude experimentar muchas veces la diferencia entre estar en una relación bajo el mismo techo (casados o no) y una cada quien en su casa, o incluso estar sin pareja.
Y esa diferencia la vi claramente en el tiempo que dedicaba a mis proyectos, a mi persona, cuando estaba con alguien y al momento de que me encontraba sola en mi espacio.
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El divorcio a menudo se considera un evento traumático en la vida de una mujer, cargado de emociones complejas y desafíos. Esto sucede aquí y en China, como diría mi madre. Sin embargo, esto ha ido cambiando y cada vez más estudios sugieren que muchas mujeres experimentan una sensación de libertad y felicidad tras la separación.
Pareciera que la mayoría de las mujeres casadas prefieren permanecer así con anillo en mano (o al menos eso creen). Lo digo porque pregunté a 20 mujeres de entre 30 y 45 años qué preferían: 17 respondieron que su deseo era seguir casadas, pero que, si algo pasara y se quedaran solas, no volverían a casarse. Romance y sexo sí, pero ¿matrimonio? Ya no.
De las otras tres, una no está segura de haber hecho bien —se casó hace pocos meses después de años de relación y muchas separaciones—; otra me confesó que le gustaría divorciarse, pero no ha encontrado el valor, y la última dijo estar muy contenta: lleva 15 años de matrimonio y tiene tres hijos.
Platicando con mujeres de más edad —amigas, muchas ya divorciadas y sin pareja—, admitieron haber sentido una gran liberación después de pasar el duelo del divorcio. Reconocen que su percepción del amor ha cambiado mucho con el tiempo y, sobre todo y más importante, que ya no cargan con el peso que tuvo el matrimonio sobre ellas. Son mujeres independientes, que han trabajado mucho en sí mismas. Eso marca una gran diferencia y las lleva a apreciar las experiencias que viven hoy: solas o acompañadas, pero siempre con amigas.
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El divorcio les permitió recuperar el control de sus vidas, tomar decisiones sin consultar a otra persona y redescubrir pasiones e intereses que habían dejado de lado.
Muchas reportan haber comenzado a practicar nuevos hobbies, retomar estudios o avanzar en sus carreras profesionales tras la separación. Esta búsqueda de independencia personal no solo les brinda un sentido renovado de propósito, sino que también mejora su autoestima y equilibrio emocional.
Con el paso del tiempo, la percepción del amor y las relaciones también evoluciona. Tras un divorcio, muchas mujeres adoptan una visión más realista del amor, alejándose de la idealización romántica que suele predominar en la juventud.
Esta nueva mirada las lleva a valorar cualidades como la amistad, la comunicación abierta y el respeto mutuo en sus futuras relaciones, en lugar de buscar una imagen perfecta del amor. Además, las experiencias vividas durante el matrimonio y el proceso de divorcio aportan lecciones valiosas que enriquecen su capacidad para formar vínculos más saludables. Descubren que el amor no solo es cuestión de sentimientos, sino también de compatibilidad, esfuerzo con- junto y crecimiento personal.
Antes de terminar, te invito a reflexionar sobre qué tipo de matrimonios o relaciones estamos construyendo, que a veces acaban convirtiéndose en una prisión o un gran limitante.
Tal vez ahí es donde tendríamos que poner la atención: en seguir construyendo nuestra par- te individual sin dejarla a un lado solo porque nos casamos o tenemos hijos. No permitir que la pareja o la relación nos impida convertirnos en los seres individuales que somos. Ese es uno de nuestros grandes desafíos.
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Por: Aura Medina de Wit