¿Pooor?
Por: Revista moi
Descubre por qué subirte a la azotea durante un sismo no es seguro. Conoce la verdad sobre el refugio en alturas.
Cuando empieza a temblar, nuestro cerebro quiere resolver una sola cosa: ¿dónde voy a estar más seguro? Y últimamente ha circulado una idea que, a primera vista, hasta parece tener sentido: “Si estoy en la azotea y el edificio colapsa, yo voy a quedar arriba”. BUENO… no funciona así. Subir al techo mientras está temblando no necesariamente te pone a salvo y, de hecho, puede obligarte a pasar justo por uno de los lugares en los que menos quieres estar durante un sismo: las escaleras. Platicamos con Felipe Hernández, especialista en protección civil, para entender por qué no es buena idea subirte a la azotea durante un sismo.
Para subir al techo tienes que llegar hasta él. Y eso normalmente significa utilizar las escaleras mientras el edificio está en movimiento. Felipe explica que las escaleras se consideran una de las partes más vulnerables de una estructura durante un sismo, por lo que, si el movimiento ya comenzó, la recomendación es evitar exponernos innecesariamente en ellas.
“Si el sismo es intenso, ya está el sismo como tal y dices ‘me subo a la azotea’, voy a tener que subir por las escaleras y obviamente es el lugar de mayor riesgo”. —Felipe Hernández
O sea: para llegar al lugar que tú crees que es más seguro, primero tendrías que atravesar uno de mayor riesgo.
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Aquí viene otro de los grandes mitos. La lógica nos podría hacer pensar que, si un edificio colapsa y tú estás en el techo, simplemente terminarás sobre los escombros. El problema es que los edificios no necesariamente colapsan de arriba hacia abajo como si fueran un acordeón perfectamente ordenado.
Hernández recuerda que durante el sismo de 2017 se observaron diferentes formas de colapso: algunos inmuebles descendieron sobre sí mismos, mientras otros se inclinaron hacia el frente o se fracturaron y cayeron de manera distinta. Por eso, estar arriba no garantiza que vayas a “quedar arriba”. Y hay otro detalle que solemos olvidar: las azoteas pueden tener objetos e instalaciones que también representan riesgos, como tanques de gas.
Aquí tampoco existe una respuesta universal. Según Hernández, la decisión depende de factores como el inmueble, el piso en el que estés, el tiempo disponible, las rutas de evacuación y las personas que estén contigo. Por ejemplo, si estás en planta baja y tienes tiempo suficiente para llegar a un espacio abierto seguro, evacuar puede ser una opción. Pero si estás en un quinto piso y el movimiento ya comenzó, intentar bajar varios niveles puede exponerte más. Por eso insiste en algo que normalmente olvidamos hasta que empieza a sonar la alerta: necesitas conocer tu edificio ANTES del sismo.
Saber si ha tenido daños estructurales, identificar las zonas de menor riesgo, conocer las rutas de evacuación y tener un procedimiento practicado puede ayudarte a tomar mejores decisiones cuando literalmente tienes segundos para actuar.
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Cuando salir no es posible, Hernández habla del repliegue: colocarte en un punto donde el riesgo sea menor y alejarte de elementos que puedan caer, como muebles u objetos pesados. La clave está en entender que no todos los espacios de una casa o edificio tienen el mismo nivel de riesgo. Y tampoco todos los sismos te van a dar el mismo tiempo para reaccionar.
Hernández recuerda que en 2017 quedó clarísimo: dependiendo de dónde se origine el sismo, la alerta puede darte tiempo suficiente para actuar o sonar prácticamente al mismo tiempo que comienza el movimiento.
Esta quizá sea la lección más importante. Escuchar la alerta sísmica no debería activar automáticamente el modo corre por tu vida. Debería activar el procedimiento que ya conoces y practicaste. Porque actuar desde el pánico puede hacernos correr, empujar a otras personas o simplemente quedarnos congelados sin saber qué hacer. Hernández lo resume como las “tres C”: correr, combatir y colapsar. La alerta, explica, debe entenderse como una oportunidad para actuar, no como una orden universal de evacuar.
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No necesitas vivir esperando el próximo sismo, pero sí saber qué vas a hacer cuando ocurra. Conoce las condiciones de tu inmueble, identifica rutas de evacuación y zonas de menor riesgo, practica qué harías dependiendo de cuánto tiempo tengas y considera las necesidades de niños, adultos mayores o personas con discapacidad que vivan contigo.
También vale la pena tener un botiquín funcional y, sobre todo, capacitación para saber utilizarlo. Porque, como explica Hernández, tener equipo sin saber qué hacer con él sirve de muy poco. Así que no: la próxima vez que tiemble, no corras automáticamente hacia la azotea. La seguridad durante un sismo no está necesariamente arriba ni abajo. Está en conocer los riesgos específicos del lugar donde estás y tener un plan antes de necesitarlo. Porque en una emergencia improvisar no es un plan.
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Fuente: Felipe Hernández. Licenciado en Enfermería y Obstetricia por parte de la UNAM, CEO y Director de Grupo Salvando Vidas. Es colaborador en la Alianza Contra la Muerte Súbita Cardiaca, iniciativa de la Sociedad Interamericana de Cardiología.
FB: gruposalvandovidas.com // TW: @salvando_vidas // IG: @gruposalvandovidas_oficial // Web: www.salvandovidas.com
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