¿Pooor?
Por: Sofía Leviaguirre
¿Qué onda con la Falla de San Andrés? Si a ti también te tienen en pánico las noticias, esto es lo tienes que saber del Big One
Si no has escuchado hablar del Big One, la idea es miedo: un terremoto gigantesco capaz de sacudir buena parte de California. Pero, ¿qué onda con la Falla de San Andrés? ¿qué tan real es esta amenaza? ¿La falla de verdad está “a punto de romperse”? Te contamos lo que tienes que saber.
Vamos por partes. Primero tenemos que entender, ¿qué es exactamente la Falla de San Andrés? Porque no, no es una grieta cualquiera. Es una enooorme zona geológica de aproximadamente 1,300 kilómetros que marca el límite entre la Placa del Pacífico y la Placa Norteamericana.
Las dos placas tectónicas se mueven horizontalmente todo el tiempo. De hecho, el movimiento promedio es de unos 5 centímetros por año. Parece una cosa de nada, pero cuando lo sumas durante siglos, la tierra se abre, literal.
Pero, la falla no se porta igual en todos lados. Algunas partes de la Falla de San Andrés se deslizan leeento, un fenómeno conocido como creep, mientras que otras se quedan bloqueadas. Y sí, cuando una zona bloqueada acumula suficiente tensión, puede liberarla de golpe en forma de un terremoto.
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El famoso Big One no es el nombre de un terremoto específico que los científicos sepan que ocurrirá en una fecha particular. Es, básicamente, la manera popular de referirse a un gran terremoto que podría pasar en el futuro en California.
Algunos científicos se imaginan un terremoto de magnitud 7.8 en el sur de la Falla de San Andrés. Y el ShakeOut del USGS dice que sí, este tipo de terremoto es posible y que una ruptura de unos 300 kilómetros podría darle unas sacudidas brutales al sur de California. Pero ojo, porque esto no quiere decir que esté escrito en piedra. De hecho, los científicos no saben si el Big One llegará mañana, el próximo año, dentro de décadas, o jamás. Lo que sí saben es que los grandes terremotos forman parte de la historia de la región y que California debe estar preparada. Pero están aplicando el verdadero es mejor prevenir que lamentar.
Si nada es seguro, entonces, ¿por qué las redes entran en pánico? El mayor problema es que no estamos hablando de una zona deshabitada.
Si el Big One llegara como el terremoto de 7.8 que se imaginan, podría afectar seriamente infraestructura, edificios, carreteras, servicios básicos y redes de agua y electricidad. Las proyecciones calculan que, si pasara, habría unas 1,800 muertes, 53,000 personas que requerirían atención hospitalaria y pérdidas económicas de cientos de miles de millones de dólares. Ojo, esto es una hipótesis, no una predicción, pero por eso tiene a todos tan asustados.
Y hay otro detalle importante: un terremoto no significa solo que “todo se mueve”. Lo sabemos muy bien en México, cuando tiembla, también puede haber incendios, deslizamientos, daños en los edificios y los problemas post-temblor se quedan muuucho tiempo después.
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La verdad es que no tiene caso preocuparse por lo que no podemos controlar. Lo mejor que podemos hacer ya lo estamos haciendo. El gobierno de California está tan preparado como puede y los científicos siguen monitoreando los movimientos de la zona. La Falla de San Andrés no funciona como una bomba con un reloj de tiempo, por eso, más que obsesionarnos con “¿cuándo será?”, la pregunta que debemos hacer es “¿estamos preparados si es que llega?”
Si vives en California, tener un kit de supervivencia con agua, alimentos básicos, medicamentos, una linterna, baterías y un plan familiar es lo mejor que puedes hacer.
Un gran terremoto en la Falla de San Andrés podría sentirse en algunas zonas del norte de México, dependiendo de la magnitud y de cómo se den las famosas réplicas. Pero eso no significa que un terremoto en cualquier parte de México vaya a activar automáticamente la Falla de San Andrés. El movimiento de las placas es mucho más complicado que una fila de fichas de dominó.
Así que, aunque la Falla de San Andrés es una amenaza sísmica real y el Big One es un escenario científicamente posible, no hay una cuenta regresiva escondida debajo de California. La mejor respuesta al miedo es estar tan preparados como podamos para cuando la Tierra decida recordarnos que, debajo de nuestros pies, las placas nunca dejan de moverse.
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