¿Pooor?
Por: Alejandro Villatoro
Chat GPT no puede ser tu terapeuta y aquí te vamos a contar todas las razones (que dice la ciencia) para que no caigas en eso.
Lo sabemos usas y usas la IA para todo (como si no gastara agua) y de pronto se te hace fácil, pues preguntar sobre tu relación de pareja. Chica… Chat GPT no puede ser tu terapeuta. A ver, vamos a hablar así, con los pelos de la burra en la mano, ¿Levanta la mano si le haz contando tus peores traumas de la infancia, el drama con el Voldemort o la crisis existencial de los 30 a ChatGPT?
En este mundo hiperconectado donde conseguir un lazo real con un psicólogo puede tardar meses o varios años (y además te puede salir en varios supers), es tentador abrir una pestaña, escribir: “Oye, me siento súper ansiosa hoy, ¿qué hago?” y recibir una respuesta bonita, estructurada y en tres segundos.
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Pero hoy nos pusimos serios y, basándonos en un análisis espectacular de la Universidad de Toronto, te venimos a explicar con peras y manzanas por qué esa Inteligencia Artificial generativa que tanto aman jamás de los jamases podrá ser su terapeuta.
Para empezar, hay que entender qué es una IA. ChatGPT, Claude o la herramienta que usen no son mentes conscientes; son modelos de lenguaje interactivos. Básicamente, son calculadoras (inteligentes) gigantescas de palabras que predicen qué término va después de otro basándose en millones de textos de Internet.
Cuando la IA te dice: “Lamento mucho que te sientas así”, no está empatizando contigo. No siente lástima, no se le parte el corazón ni entiende el peso de tu dolor. Está repitiendo un patrón estadístico. Como bien señala el artículo de la Universidad de Toronto, la verdadera terapia se basa en la alianza terapéutica: ese vínculo humano, orgánico y de confianza ciega que formas con tu psicólogo. Una máquina no puede darte validación emocional real porque carece de conciencia. Te está dando el equivalente a un abrazo de cartón.
Otro punto crítico que destaca la investigación es el sesgo de los datos. La IA se entrena con lo que hay en la web… y ya sabemos que el Internet puede ser un lugar maravilloso, pero también un vertedero de prejuicios, racismo, misoginia y desinformación.
Si tú llegas con una vulnerabilidad enorme a vaciar tu mente, la IA podría sesgar sus respuestas o, peor aún, sufrir de las famosas “alucinaciones” (cuando el sistema inventa datos o teorías psicológicas falsas pero te las vende con una seguridad tremenda).
Un terapeuta humano estudia años para desaprender sus propios prejuicios y ofrecerte un espacio seguro y neutral; la IA solo refleja el promedio de lo que la humanidad ha escrito en redes y foros. Dan un poquito de miedo las implicaciones, ¿no creen?
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Esto es vital (y no es broma). Lo que pasa en el consultorio de tu terapeuta se queda ahí por ley y por ética profesional. Pero, ¿qué pasa con lo que le escribes a la IA? Cada que le cuentas que te da pánico el compromiso o que odias tu trabajo, esos datos se quedan guardados en servidores gigantescos para “entrenar al modelo”.
Aunque las empresas prometen anonimato, la realidad es que estás regalando tu historial emocional y tu salud mental a corporaciones tecnológicas. Tu vulnerabilidad se convierte en datos comerciales.
Imagina que estás pasando por una crisis de ansiedad terrible o un episodio de depresión profunda. Si una IA te da un mal consejo (como recomendarte una técnica inadecuada o minimizar tus síntomas) y eso empeora tu estado, no hay nadie a quien fincarle responsabilidades.
No hay cédula profesional que retirar, no hay juicio ético, no hay un doctor detrás cuidándote el paso. La IA suele lavarse las manos con un mensaje automático al final que dice: “No soy un profesional de la salud, busca ayuda”. Entonces, si ellos mismos te lo advierten, ¿por qué insistimos en usarlo como consultorio?
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A ver, tampoco se trata de satanizar la tecnología. La IA es una herramienta espectacular para estructurar tu día, ayudarte a redactar un correo difícil para tu jefe, darte ideas de menús semanales o ayudarte a entender un concepto complejo. Incluso te puede servir como un “diario interactivo” para vaciar tus pensamientos antes de dormir.
Pero cuando se trata de sanar el alma, de acomodar tus emociones y de superar los baches de la vida, no hay atajos tecnológicos que valgan. Tu salud mental merece la mirada, la escucha y el respeto de otro ser humano. Así que la próxima vez que te sientas abrumada, cierra la pestaña de la IA y busca a un profesional de verdad.
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