Salud mental
Por: Sofía Leviaguirre
Si crees que estás condenado por maldiciones familiares, te tenemos noticias: son patrones relacionales que puedes desaprender
Solo porque creciste escuchando que “así son los hombres de la familia” o “a nosotros siempre nos ha pasado”, no quiere decir que estés condenado a repetir lo mismo que tus antepasados. Aprende a romper maldiciones familiares y libérate de una buena vez de las historias que no te tocan vivir.
A muchísimos nos pasa que crecemos viendo (y criticando) a nuestros papás, tíos, y abuelos, y de repente nos damos cuenta de que estamos haciendo exactamente lo mismo. El mismo patrón de relaciones, la misma manera de enojarnos, el mismo “no sé por qué hago esto pero lo hago igualito que mi mamá”. Y entonces nos damos cuenta de que es cómo estar atrapado en una maldición familiar.
Antes de que salgas corriendo a comprar incienso y hacerte una limpia kármica, hay que tener bien clara una cosa: las maldiciones familiares no son nada del otro mundo. Son simplemente patrones que aprendimos desde chiquitos, y sí, viven aferrados a tu inconsciente, pero eso no significa que no puedas librarte de ellos, porque todo patrón se puede desaprender. El Pastor Mauricio Sánchez Scott nos dice que, en realidad, toda maldición familiar es parte de la historia familiar que puede influir en ti, pero no significa que estés condenado a repetirla.
También lee: ¿Qué son las plantas bruja? Las mejores para hacer rituales de abundancia
Nuestro cerebro está diseñado para aprender imitando. Si tu mamá se enojaba gritando, tu sistema nervioso aprende que eso es lo normal. Si tu papá nunca hablaba de sus emociones, tu cerebro registró que esa era la manera de “ser hombre”. Y ojo: no importa cuánto estés consciente de los errores, puede ser que incluso lo hayas criticado, pero la creencia se instaló en tu cerebro desde que eras niño. En psicología, las maldiciones familiares se llaman traumas generacionales, y son las heridas que no se procesan en una generación y pasan a la siguiente.
El primer paso es hacer conscientes las maldiciones que quieres romper y empezar a verlas como lo que son: patrones de conducta. Sácate de la cabeza la idea de que estás condenado a hacer ciertas cosas e identifica cuándo caes en los patrones que quieres evitar. ¿Qué los detona?
Analizarte sin culparte es lo más importante. Ya que encuentres cuáles son las cosas que quieres cambiar, puedes empezar buscando un terapeuta con el que hagas buen match. Hay muchos psicólogos especializados en patrones familiares que te pueden ayudar. Durante el proceso, ten paciencia, practica nuevas formas de acercarte a los mismos problemas, y regresa a tocar base en el paso uno cuando sientas que perdiste el rumbo.
También lee:
Por: Sofía Leviaguirre