Renovarse o morir

"Creo que nadie llega a los 40 sin que la vida se haya encargado de darle sus buenas sacudidas para dejar claro que absolutamente todo se mueve constantemente"

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Pues resulta que mi pelo es chino…sí, así. Chino.

Después de muchos años de que fuera lacio y dos embarazos con un prolongado tiempo de amamantar a cada escuincle, mi pelo ahora es chino.

Este fact tan absolutamente banal me ha hecho parir chayotes los últimos meses y ahora que creo que ya entendí cómo va la onda -valga la redundancia- me ha servido también, como una analogía para reflexionar alrededor de un tema: el cambio.

Creo que nadie llega a los 40 sin que la vida se haya encargado de darle sus buenas sacudidas para dejar claro que absolutamente todo se mueve constantemente. Y, me parece, que lo que determina la madurez de una persona es la capacidad que tiene cada quien de adaptarse y de entender que la única manera de crecer es cambiar, tu también, constantemente.

Pero lo que pasa es que la vida es canija y nos campechanea esto del movimiento con épocas y momentos deliciosos, fáciles y sobre todo: cómodos. Trabajos, amigos, planes, rutinas y miles de pequeñas y grandes cosas que hacemos y logramos cada día y que conseguimos “perfeccionar” para que funcionen como nosotros queremos y justo cuando está así: exactamente como nos gusta ¡zaz! llega el trancazo.

Eso, no es otra cosa que el universo diciéndote: muévete. Cambia. Crece.

Levántate de ahí y busca un nuevo camino.

Hay gente que tiene la increíble capacidad de, no solo adaptarse en chinga a estas situaciones, sino que no se espera a que le llegue el golpe y está siempre pensando en lo que sigue y sabe estarse moviendo continuamente. Gracias a ellos se inventó la rueda, las naves espaciales, los celulares o el internet y todos sus secuaces… A mí, honestamente, me cuesta un poco más de trabajo.

A ver, creo que soy muy buena preparándome para lo que sigue, el Sponsor me alucina porque me estoy subiendo al avión para una vacación y lo primero que digo es “y la que sigue  ¿a dónde vamos a ir”?… sí, si me gusta planear, es más, soy buenísima -rayando en lo obsesiva- pero es precisamente por eso que cuando las cosas no salen como yo las tengo pensadas me cuesta no uno, sino ¡dos huevos! adaptarme, porque una vez que algo me funciona y sé cómo hacerlo siento que ya no hay necesidad de averiguar otra manera. Me cuesta innovar y cambiar los planes. Soy demasiado práctica y prefiero enfocarme en poder eficientar mi tiempo que en estar inventando nuevas maneras de hacer lo que ya sé que me sale bien como lo hago.

Y creo que eso está perfecto para las cosas del día a día sin importancia, como por ejemplo, en qué orden limpias la cocina o cómo recorres el súper cuando vas a hacer la compra. Lo malo, es que en lo que si es relevante, quedarse quieto es una pésima idea.

Porque nada de lo que hagas impedirá que el mundo siga dando vueltas y las cosas se sigan moviendo.

Adaptarse a cosas que no dependen de ti es extremadamente difícil. Por eso, creces con las situaciones complicadas, porque te enfrentas a ti mismo y no tienes más remedio que levantarte y seguir. Encontrar otras maneras y aprender lo más importante cuando todo lo que conoces y tenías “seguro” cambia: saber esperar, confiar y sobre todo entender que a veces suceden cosas abruptamente, como quedarte sin trabajo, sin ese amigo, sin eso con lo que contabas. Pensamos que ese es el cambio. Pero no. El cambio se deriva de esas situaciones que nos empujan a reinventarnos, a buscar nuevos caminos a -otra gran lección de las zarandeadas de la vida- : ACEPTAR y permitir que las cosas sean y sucedan, como NO estaba planeado.

La historia de mi pelo chino es relevante por eso.

Luché muchos años contra mis chinos, los alacié, domé, y estilicé exitosamente, hasta que un día ante la tenebrosa idea de quedarme calva por estármelo martirizando decidí dejar de luchar. Me dediqué a observarlo, le di chance de ser ¡y me chocó!…pero tratando de no perder el foco de que lo importante que era no quedarme pelona, decidí mejor ponerme a investigar qué diablos hacer con un pelo como el mío ¿cómo se cuida? ¿cómo se peina? Los sí y los no para “empoderar” mis chinos en lugar de pelearme con ellos.

Hablé, busqué, pregunté, probé muchos días, la mayoría,  con pésimos resultados, el tema me generaba una enorme frustración, porque admítanlo: tener un “bad hair day” es como de las peores cosas que le puede pasar a una. Pero no me regresé. Me obligué a seguir buscando y a apechugar pensando que era mejor vivir con cola de caballo que sin pelo.

No perder el foco. No tirar la toalla. Ante la adversidad, la clave es esa: apechugar y seguir buscando maneras de conseguir lo que quieres, ya sea trabajo, un buen look o cualquier otra cosa.

Nada es magia. Ni fácil. Ni gratis -así que por favor dejen de andar posteando para que les regalen coches o millones- Los resultados SIEMPRE son derivados de la constancia y de la paciencia.

Abrirse al cambio no es fácil. Cuesta muchísimo trabajo romper patrones y aceptar cosas que tú no decidiste o maneras de hacer las cosas diferentes a las tuyas y precisamente eso, es lo que confirma lo de que “los cambios siempre son para bien”. Porque no te queda más remedio que actuar, decidir, probar cosas diferentes y simplemente: evolucionar, sucede que te reinventas, avanzas y aprendes muchísimas cosas que te hacen ser una mejor versión de ti.

Dicen por ahí que si no puedes con el enemigo únetele y yo decidí hacer exactamente eso. Me sirvió por supuesto para cambiar de look y sentirme renovada, pero sobre todo me hizo moverme de mi zonita de confort y buscar nuevas maneras. Todavía de pronto me veo al espejo y me cuesta trabajo asumirme así pero entonces me recuerdo que así es. Es lo que hay y depende de mí, sacarle el mejor provecho y disfrutarlo, o pasarme la vida nefasteada.

Los cambios son la manera de soltar algo que ya no era para ti, aunque tu no te hubieras dado cuenta.

Libérate.

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