¿Eres un repartidor de culpas?

La culpa no solo es una gran piedra que cargamos nosotros mismos, a veces también se la echamos encima a alguien más

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Así́ como hay personas que no quitan el dedo del renglón de lo que hicieron, hay otros especímenes que se la pasan aventándole la bolita a los demás, son los famosos repartidores profesionales de culpa.

Es normal culpar a otras personas para protegernos, la bronca viene cuando lo hacemos para solucionar un problema inmediato, pero nos acaba causando más conflictos. Si esto es un hábito y casi nunca asumimos la responsabilidad de algunas cosas que suceden, es muy probable que se trate de un mecanismo de defensa que seguramente empezó́ en la infancia para evitar algún castigo.

 

LOS EFECTOS NEGATIVOS

 

Para ti: culpar a otros es una forma de desplazar tus verdaderos sentimientos (culpa, vergüenza, tristeza, frustración). Como no sabes cómo lidiar con ellos, bus- cas a quién echárselos en forma de culpa. Eso te impide crecer y madurar, y afecta tus relaciones con otros. Para tus relaciones: culpar crónicamente a alguien…

 

  1. ES UNA FORMA DE ABUSO EMOCIONAL. Aun cuando la persona haya tenido una responsabilidad objetiva sobre lo que pasó, el que continuamente la culpes crea una relación asimétrica (te haces el juez) y le genera resentimiento y hartazgo. Para evitar que eso suceda, si existió́ responsabilidad, busquen juntos que no se repita. Comuníquense en primera persona a la hora de decir que uno de los dos cometió́ una metida de pata.
  2. GENERA AUTOCULPA. Quien recibe las acusaciones empieza a creer que hay algo que no puede ver de sí mismo que escapa de su control, empieza a sentirse indefenso y que no puede cambiar. Aunque inicialmente se resista y se defienda de las culpas in- justas, eventualmente el vínculo emocional hace que el culpado se sienta responsable por la infelicidad y el sufrimiento del otro y trate de hacer hasta lo imposible para evitarlo.
  3. DAÑA LA AUTOESTIMA. Siempre que culpabilizamos se echa a andar un juego mental cíclico que va más o menos así́: “me ama, por eso no puede lastimar- me; si me dice que tengo la culpa, no puedo dudarlo, entonces soy malo y ni cuenta me doy”. Esto hace que el culpado acepte más abusos y malos tratos como una forma de castigo a su “maldad”.
  4. REEDITA HERIDAS DE LA INFANCIA. Muchos crecimos bajo el modelo “si haces esto te va a pasar aquello”, “pobre de ti si…”, “me pasó esto porque tú…”. Si a eso le sumamos el pensamiento mágico de los niños, que hace que se adjudiquen culpas imposibles como “me porté mal y por eso mis papás se divorciaron”, lo único que generaremos es una herida profunda que cuando se la vuelvan a encontrar en una relación de pareja o amistad, les confirme y reafirme la idea de que son malos.
  5. REDUCE LA INTIMIDAD. Es muy complicado relacionarte abiertamente y con confianza con alguien que tiene el dedo acusador a la mano siempre y te hace sentir una persona mala o fallida. Llegará un momento en el que sienta es imposible quedar bien y la única solución que verá posible es huir.

 

¿Y SI SOY YO EL QUE CULPABILIZA?

 

DATE CUENTA Y ESTABLECE UNA INTENCIÓN. Reconoce tu hábito o impulso de culpar por todo y oblígate a hacerlo cada vez menos. Ábrete a escuchar la versión de los demás y pídele a una persona de confianza que te ayude a reconocer en ti este hábito para ayudarte a identificar cuando lo haces.

 

PON ATENCIÓN. Date cuenta cuando estés a punto de acusar o culpar a algo o a alguien. Haz una pausa de unos cuantos segundos antes de lanzar la acusación y elige una conducta diferente. Si lo haces con el pensamiento, corrígelo con una alternativa o explicación distinta.

 

SÉ GENTIL CONTIGO

Esto es un proceso, lo seguirás haciendo, pero en la medida que recuperes el control de tu mente, esto tenderá a desaparecer. Si esto te rebasa o te mete en problemas, busca ayuda profesional.

 

  • Identifica si hay algo de verdad en aquello de lo que se te acusa. Si sí, reconócelo y pide una disculpa o da una explicación.
  • Si sabes que no es cierto, deja de defenderte. Dar explicaciones largas e innecesarias te hace ver sospechoso y le estás dando la razón al que te acusa.
  • Devuélvele su problema. Hazle ver al otro tu perspectiva del hecho o simplemente expresa tu desacuerdo y dile algo como “pero al final eso es lo que tú decides creer y ese sí es tu problema”. El amor que le tengas a la persona que suele culparte no debe detenerte.
  • Hazle ver tu sentir y plantéale que te estás cuestionando por qué seguirás en una relación con una persona que insiste en vomitar sobre ti las emociones que no puede manejar.

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Tanatólogo y psicoterapeuta. Experto en pérdidas, autor de Los claroscuros del amor y el auténtico rockstar del amor.

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