Nutrición
Por: Sofía Leviaguirre
Durante años los doctores nos dijeron que la yema de huevo era veneno para el corazón, pero la ciencia actual dice que nos mintieron.
Si tú también llevas toda tu vida tirando la yema de huevo porque quieres cuidar tu corazón, bienvenido al team de los engañados. Aunque durante años los doctores nos dijeron que la yema era el enemigo mortal del corazón, ahora resulta que todo el miedo venía de una hipótesis incompleta de los años sesenta. Te contamos por qué debes dejar de tirar la yema y otros mitos del colesterol que llevas años creyendo.
Todo empezó con Ancel Keys, un nutriólogo e investigador de EUA que, en la década de los sesenta, dijo que el colesterol en tu dieta era el culpable de las enfermedades cardiovasculares. Ahora, antes de que lo tachemos de loco, hay que reconocer que su hipótesis tenía sentido: si tu comida tiene colesterol, tu sangre tiene colesterol, y por eso comerlo debe ser malo para ti. Era simple, directo, y completamente erróneo cuando hablamos del huevo.
De hecho, años más tarde, el mismísimo Ancel Keys dijo que no existía ninguna conexión entre el colesterol en los alimentos y el colesterol en la sangre, pero ya era demasiado tarde. Para ese momento, todos los cardiólogos creían que el huevo era el enemigo del corazón y la American Heart Association había recomendado limitar el consumo de huevos drásticamente.
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En 2016 los nutriólogos por fin empezaron a darse cuenta de que el colesterol en la dieta no estaba directamente relacionado con el colesterol en sangre y decidieron eliminar la recomendación de bajarle al consumo de huevos. Pero fue apenas en 2025 que un estudio de The American Journal of Clinical Nutrition tomó el paso drástico de comprobar que la teoría de Keys estaba mal: probaron que comer dos huevos al día (con todo y yema) bajaba el colesterol LDL (el malo) después de cinco semanas. Sí, así como suena, no solo no lo subió, lo bajó.
Entonces, ¿qué es lo que sí afecta el colesterol en sangre? Resulta que el verdadero culpable es la grasa saturada. Sí, lo que interfiere con la capacidad de nuestro hígado de eliminar el colesterol no son las yemas de huevo, sino el aceite, la mantequilla, la leche, algunos quesos y los temibles ultraprocesados.
Ahora, ojo, porque antes de que le hagamos al aceite lo mismo que le hicimos a las yemas de huevo, hay que tener en mente que el daño está en las cantidades. Una cucharadita para cocinar no te va a hacer nada, pero desayunar huevo frito a diario pueeede ser que sí.
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El verdadero error en la teoría de Keys fue ignorar las grasas saturadas por completo. Keys pensó que el colesterol en sangre se disparaba al comer alimentos altos en colesterol, pero no se le ocurrió que el problema estaba en que ese huevo estaba bañado en aceite y mantequilla, acompañado con tocino y un vaso de leche entera.
La otra gran tragedia es que hemos desperdiciado lo mejor del huevo durante años por culpa de un mito nutricional. Y es que la yema de huevo tiene la mayor cantidad de los nutrientes, o sea que al tirarla estás perdiendo vitamina D, B12, colina, hierro y zinc, todos nutrientes esenciales para el cerebro.
Ahora, lo que no podemos ignorar es que existen personas hipersensibles al colesterol dietético. O sea, para algunos sí es cierto que comer colesterol les afecta la sangre. Aunque solo el 20% de la población cae en este grupo, si eres uno de estos, el colesterol de la yema del huevo sí puede elevar ligeramente tu LDL, peeero, también el HDL (el bueno). Así que, si este es tu caso, lo mejor que puedes hacer es hablarlo con tus doctores para tener un plan personalizado.
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