Variedat
Por: Edilberto Pena
¿Qué culpa tiene el niño de irle a la América? Te explico qué pasa en tu cerebro.
¿Qué hace que nuestro corazón lata por un equipo, pierda o gane, llueve o truene? La respuesta a esta gran afición es, porque no es el corazón, sino el cerebro el que decide. ¿Por qué preferimos una camiseta por encima de todas las demás? Es más, ¿por qué nos gusta lo que nos gusta?
Podemos comenzar a buscar la respuesta en los clásicos. Para Platón, los valores universales existían únicamente en su mundo de las ideas, en el que todo era abstracto y solo podíamos conocer esas ideas si algo en nuestro mundo las representaba. Tanto rollo para decir que es innegable que hay cosas que nos gustan por el simple hecho de que nos agradan. Incluso podríamos asegurar que hay cosas que nos gustan a todos, como el chocolate.
Nuestro cerebro, por razones evolutivas, prefiere los sabores dulces, ya que estos representan menor riesgo de envenenamiento en la naturaleza que los productos de sabor amargo. Pero, justamente, eso no sucede con la afición al fútbol, al contrario, entre más tiempo sigues a un equipo al que le va mal, más prestigio adquieres porque has sufrido con ellos.
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Seguro hay otros factores que tienen que ver con las elecciones… porque si no todos seríamos atlantistas. Estos los podríamos agrupar de la siguiente forma:
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Cuando algo nos prende y nos emociona, como tener un equipo favorito, el sistema límbico de nuestro sistema nervioso central explota en la secreción de dopamina. Esta sustancia, que es la responsable de las sensaciones placenteras en el cerebro, hace una fiesta en sus conexiones con la corteza del cíngulo, los ganglios basales, la amígdala y el hipocampo, a través de las cuales se conforman todas las reacciones involuntarias que tenemos cuando se nos eriza la piel viendo el escudo de nuestro equipo.
Y de esto surgen unas preguntas más, ¿qué ganamos cuando un equipo se corona campeón? ¿Qué nos emociona de que un grupo de atletas sobrevalorados, que cobran millones, le ganen a otro conjunto igual? Entre otras cosas, es parte de un fenómeno llamado “gloria reflejada”. Es la misma idea de regocijarnos cuando nuestro hijo logra por fin caminar o cuando hablamos de que equis actor de telenovela vivía en nuestra colonia. El humano básicamente se define por sus conexiones con otras personas. Sostener una afición al futbol nos hace formar parte de algo mucho más grande.
El dato: Si hiciéramos un mapa del cerebro de un fanático cuando está viendo a su equipo jugar, la respuesta es parecida a la que se da cuando ve a su pareja (si es que es alguien a quien de verdad quiere). Y endocrinólogos han comprobado que la respuesta hormonal de los fans hombres, se parece demasiado a la de quienes están en el campo jugando. Es en serio el “perdimos”, aunque es más común el “ganamos”.
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¿Qué necesidad tienen los fans de los Pumas de verlos perder una y otra y otra y otra vez? No es que no sufran, porque uno realmente se aflige cuando un equipo fracasa. Volvemos a la esperanza, a querer creer que nosotros también podremos salir del hoyo algún día, y qué mayor triunfo que ver a un equipo que apoyaste, aun en las malas, tener éxito.
Lo bueno de los deportes es que todo siempre empieza de cero. Aunque Brasil lleve cinco mundiales ganados, cada equipo empieza siempre de cero y eso te da esperanza de que el clima, las lesiones y la suerte hagan que cualquiera gane.
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Por: Edilberto Pena