El cerebro funciona distinto durante el invierno

Los humanos somos animales, y nos afectan más cosas del mundo natural de lo que a veces nos gustaría pensar.

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Las distintas estaciones del año me hacen sentir diferente. Por ejemplo, ahora en invierno me cuesta mucho trabajo dejar de pensar en que quisiera estar vacacionando en la playa, y a falta de ésta, recreo hamacas imaginarias en los sillones de mi sala. Resultado: mi productividad disminuye considerablemente.

Muchas personas reportan que su humor y energía son distintos en verano que en invierno. Esto puede deberse a varios factores, pero uno de ellos es la forma en que el cerebro funciona dependiendo de la estación.

En un pequeño experimento hicieron algunas pruebas con 28 personas a quienes, en cada estación del año, metieron a un laboratorio durante 4 días y medio privándolas de elementos externos, como la luz del sol y la temperatura. El objetivo de esto era remover del análisis las señales estacionales diarias para determinar si había algo en las estaciones en general que modificara sus comportamientos.

Después de estar esos días en el laboratorio, les hicieron una prueba sobre su estado de atención, y otra que evaluaba su memoria. Y entonces ocurrió lo que todo científico teme: los resultados para todas las estaciones fueron los mismos, no hubo diferencias de memoria ni de atención entre estaciones.

Pero estos investigadores además de medir los resultados de las pruebas hicieron también resonancias magnéticas de los cerebros de las personas después de haber realizado las tareas en cada estación del año. Y ahí es donde sí vieron diferencias.

La actividad neuronal resultó más alta para la memoria en la primavera, mientras que para la atención la actividad neuronal más baja se registró en el invierno y la más alta en el verano. Hay que recordar que los resultados de las pruebas tanto de memoria como de atención fueron iguales, lo que indica que lo que se modifica es cómo el cerebro funciona para hacer estas tareas según la época del año.

Lo malo es que no se sabe por qué es así, que en términos prácticos y personales no explica por qué en invierno mi cerebro solo quiere una hamaca. Existen algunas ideas, como por ejemplo que el cerebro durante el invierno funciona de manera más eficiente, es decir con menos recursos y por lo tanto menos actividad para hacer las mismas funciones que en el verano, probablemente porque es una época donde los recursos naturales son más escasos. Pero también podría ser que el cerebro durante el invierno está más aletargado y evita funciones complejas.

A muchos animales los cambios estacionales les afectan de formas contundentes. Hay algunos que cambian su pelaje, otros entran en estados de hibernación. Los humanos somos también animales, y nos afectan más cosas del mundo natural de lo que a veces nos gusta recordar.

Referencia: Seasonality in human cognitive brain responses

 

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