Chamba
Por: Alejandra Guzmán
Carlos Hermosillo nos dijo las lecciones que lo llevaron al éxito. Disciplina, actitud, persistencia y la capacidad de levantarse después de cada rechazo.
¿Dónde está la disciplina? ¿Dónde inicia? En esa pasión por lograr algo, en las ganas de convertirte en alguien. Porque el futbol, como la vida, no siempre premia al más “perfecto”, sino al que insiste. Te explicamos por qué el talento no basta.
Existe la idea de que los grandes jugadores nacen listos, pero hay algunos que no vienen de la escuela ideal, que no eran los mejores futbolistas, pero tenían algo imposible de enseñar: actitud para tocar puertas y escuchar un (o muchos) no. Ir a equipos grandes como Cruz Azul, Club América o Pumas UNAM y salir rechazado. Volver a casa cargando la sensación de no ser suficiente. Ahí es donde se forma el carácter. No en los aplausos, sino en la capacidad de soportar el rechazo sin perder el deseo.
Porque hay personas que al primer “no” se detienen, como los jóvenes de ahora que quieren las cosas rápido y fácil. Y si no lo logran así, se dan por vencidos. Pero en la vida hay que soñar con lo que quieres hacer, buscarlo y ser insistente hasta lograrlo.
Para llegar a ese punto hay que tener dos cosas muy importantes: disciplina y actitud, porque en el camino siempre te puedes encontrar personas mejores que tú, pero en la actitud es donde falla mucha gente y en esa habilidad no te puede ganar nadie. Y entonces pasa algo: la vida empieza a jugar “de rebote”. Una oportunidad inesperada, una puerta que se abre cuando ya parecía tarde, un momento donde por fin alguien ve eso que llevabas años intentando demostrar. Pero esos rebotes no le pasan a cualquiera; le pasan a quien siguió ahí.
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También hay algo que pocas veces se dice: la disciplina no siempre se ve espectacular. Muchas veces es silenciosa. Es levantarte temprano aunque nadie te esté viendo, repetir una y otra vez algo que todavía no te sale bien, entrenar incluso cuando estás cansado o frustrado. Porque la gente suele enamorarse del resultado, del trofeo, de los aplausos, pero casi nunca del proceso incómodo que existe detrás. Y ahí es donde muchos se quedan a la mitad. Porque soñar es fácil; sostener el esfuerzo todos los días es lo difícil.
Hay que dedicarle tiempo a lo que realmente te gusta, siempre hay que actualizarse, hay que buscar ser mejor. No es solo llegar a la meta y mantenerse. Es subir, querer trascender, ser el mejor y para ser el mejor es rodearte de un equipo aliado a tus metas que te enseñen a visualizar, a no ser tan disperso, a estar metido y concentrado en lo importante. Es entrenamiento mental, el crecimiento personal.
Porque muchas veces el éxito profesional llega antes que la madurez emocional. Nadie te enseña necesariamente cómo crecer en esa nueva etapa ni cómo encontrar equilibrio entre lo profesional, lo espiritual y lo personal. Y quizá una de las lecciones más fuertes es entender que el éxito no solo se trata de ganar o trascender en una cancha, en la vida. Sino también de aprender a construir una vida con balance, sin perderte en el camino.
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En el futbol de la vida, entre más te prepares constantemente y más actualizado estés, más crecimiento vas a tener y mientras menos sueltes tu profesión en el camino, mientras te mantengas leal y con valores, las puertas se abrirán solas, una por una. Hoy, sin dudar de quienes dan su 100%, hay que dar más que eso. Va más allá de lo que haces para llegar al 100%, porque ese es el límite que te pones y en la vida no hay límites.
Entonces, la suma de disciplina, actitud y actualizarse con ser persistente, con no darte por vencido, te da el pase al siguiente nivel.
Lo que realmente separa a alguien exitoso y profesional de alguien simplemente con talento, es la actitud, es lo que siempre debes de tener. Es ese deseo, garra, determinación y amar lo que sabes que te sale bien. Porque hay mucha gente talentosa en todos lados. Y es definitivamente ese deseo de soñar en grande lo que separa a alguien medianamente preparado que sí lo logra a uno preparado que no llega.
Carlos Hermosillo es uno de los delanteros históricos del futbol mexicano. Con la Selección Mexicana jugó las Copas del Mundo de 1986 y 1994, consolidándose como uno de los atacantes más importantes de su generación. @chermosillo27
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