¿Pooor?
Por: Revista moi
¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM! Muy bonitos los colores en el cielo, peeero hay algo que pasa en tu cuerpo que no es tan lindo como las luces en el cielo.
Muy bonitos los colores en el cielo, pero cuando hablamos de fuegos artificiales no solo explota la pólvora, sino también las neuronas de nuestro valiosísimo cerebro. Te contamos por qué los fuegos artificiales afectan tu cerebro.
Se han vuelto el complemento perfecto para las fechas especiales, ya sea en Año Nuevo, bodas o en el día de la Independencia no pueden faltar. Básicamente son un must para llevar un evento al siguiente nivel. Lo que no saben es que el jijiji jajaja que provocan es proporcional al daño que le hacen al ambiente y a nosotros. Según un estudio de Nature Communications, éstos suben los contaminantes del aire que están relacionados con la demencia y la depresión.
Todo ese espectáculo de colores tiene truco. El bario y el aluminio son algunos de los responsables de crear ese efecto psicodélico tipo caleidoscopio que tanto nos gusta ver en el cielo. Pero cuando se apaga el último ¡boom!, la historia no termina ahí.
Lo que queda flotando después de la explosión puede terminar en nuestros pulmones, pasar a la sangre y llegar hasta el cerebro. O sea, el fuego artificial desaparece en segundos, pero sus partículas no.
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De hecho, al momento de la explosión, la contaminación puede aumentar hasta 42% y quedarse en el aire hasta el día siguiente. Así que sí: la fiesta se acaba, pero el cochinero se queda.
Y entre todo lo que anda flotando están las famosas partículas PM2.5. Son tan diminutas que pueden entrar profundamente a los pulmones y están relacionadas con procesos de inflamación en el cuerpo.
Si eres de los que sienten que una celebración sin ¡boom! no es celebración, hay formas de ponerle espectáculo sin llenar el aire de partículas. Los shows de láseres, las varitas luminosas o los cañones de confeti pueden dar ese efecto de “¡wow!” sin necesidad de prender la mecha.
Porque seamos honestos: quizá no iluminen el cielo exactamente igual, pero sí pueden ponerle color, drama y mucha onda a la fiesta. Al final, la idea es celebrar en grande, no dejar el recuerdo flotando en el aire hasta el día siguiente.
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