Nutrición
Por: Sofía Leviaguirre
Si eres de los que comen por estrés, aquí te tenemos algunos trucos psicológicos para detener esos antojos emocionales.
Seguro te ha pasado que es viernes, 5:30 p.m., tu jefe te pide un cambio de última hora, tienes mil correos sin leer y, mágicamente, una bolsa de papas aparece abierta en tu escritorio. Si esto te suena familiar, puede ser señal de que estás comiendo por estrés. Lo bueno es que aquí te tenemos algunos trucos psicológicos para dejar de comer por estrés.
Estudios de la Universidad de Harvard dicen que el estrés activa la liberación de cortisol, una hormona que no solo pone tu cuerpo en modo alerta, sino que también aumenta las ganas de comer cosas altas en azúcar y grasa, sí, como ese paquete de galletas o las bolsas de papitas.
Pero aquí la buena noticia: tu cerebro también puede entrenarse para no caer en la trampa.
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Antes de abrir el paquete de galletas, pregúntate, ¿tengo hambre? ¿Qué tipo de hambre? Acuérdate que hay dos tipos de hambre. El hambre física llega gradualmente, y cuando te da, cualquier comida suena bien. Este tipo de hambre desaparece con comer, aunque sea una manzana. El hambre emocional, por otro lado, aparece de golpe, y siempre es hambre de algo específico (chocolate, pizza, pan dulce). Además, con esta, no importa si ya comiste, no se va tan fácil.
Según la American Psychological Association, si lo que tienes es hambre emocional, nombrar la emoción ayuda a romper el piloto automático. O sea, si eres capaz de reconocer “estoy aburrido” o “estoy triste”, entonces puedes atender la emoción y no intentar enterrarla con comida.
Cuando el antojo ataca, retrasa el impulso de comer. Ponte una alarma de 5 minutos y haz otra cosa, escribir, respirar, caminar, ya sabes, dale calma. Muchas veces, el impulso baja antes de que suene el timer.
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Si usas la comida como recompensa, sustituye el ritual. En vez de correr por una galleta, intenta:
Comer por estrés no es un fracaso de voluntad, es una reacción normal del cuerpo. La clave está en practicar conciencia, no perfección.
La próxima vez que el estrés quiera convertir tu cocina en un campo minado, recuerda que tu mente tiene más poder que el azúcar. Y sí, también puedes comerte el chocolate… pero porque tú lo decidiste, no porque el estrés ganó.
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Por: Sofía Leviaguirre