Salud mental
Por: Sofía Leviaguirre
Hay relaciones que se arreglan con el tiempo, y otras que hay que trabajar toda la vida. La relación con tu papá es una mezcla de ambas
La relación con tu papá es probablemente una de las más complicadas en la vida. Por algo son famosos los daddy issues, pero nunca es demasiado tarde para arreglarlo. Si sabes cómo reconstruir la relación con tu papá cuando eres adulto, puedes terminar sanando mucho más de lo que imaginas.
Crecer es darte cuenta de que ya no eres esa versión de ti que necesitaba aprobación, protección o permiso para todo. Ahora eres un adulto con agencia emocional. Y eso cambia por completo las reglas del juego con tu papá, porque la pregunta pasa de ser “¿por qué es así?” a “¿qué quiero hacer yo con esta relación?”
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Aunque suene raro, el vínculo con tu papá en la adultez deja de ser automático. Ya no está determinado solo por la convivencia forzada o la dependencia económica sino por decisiones conscientes. Esto implica asumir algo que tú eres responsable de tus emociones. No de resolver las de él, ni de cargar con su historia, pero sí de cómo respondes frente a lo que él es. Elegir la relación puede significar acercarte más o tomar distancia, depende de lo que quieras. Ambas son decisiones válidas.
Si vas a tener una conversación importante, pon extra atención al contexto. No vayas a sacar temas que duelen en medio de comidas familiares, reuniones o momentos donde otros puedan intervenir o tomar partido. Busca un espacio a solas y sin presión. Cuando hay terceros, aparecen viejas dinámicas que pueden lastimarlos, pero lo que necesitas aquí es poder ser vulnerable sin un público que te juzgue ni ruido extra.
Antes de decirle todo lo que tienes atorado desde que tenías diez años, prueba preguntarle por su historia. ¿Cómo fue su infancia? ¿Qué relación tuvo con sus propios padres? ¿Qué aprendió sobre expresar emociones? Esto te ayuda a entenderlo, porque muchas veces, lo que hoy te duele de él es algo que él nunca aprendió a hacer distinto. La empatía no borra el daño, pero sí cambia la forma en la que lo procesas.
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Mucho cuidado acá, porque es donde muchas conversaciones se rompen. La clave está en hablar desde ti y no lanzar acusaciones. En lugar de decir cosas como “nunca estuviste para mí”, intenta hablar de lo que eso te hizo sentir, como “me hubiera gustado sentir más cercanía contigo en ciertos momentos”. Esto es la verdadera comunicación asertiva: hablar desde tu experiencia, no desde el juicio. La diferencia es brutal.
Muchos hombres se sienten más cómodos conectando desde la acción que desde la conversación profunda. Cuando salen a caminar, cocinan, arreglan algo o ven la tele, construyen la relación desde otro espacio. No subestimes el poder de lo cotidiano. A veces, la cercanía emocional se construye sin decirlo todo en voz alta.
Si necesitas reconstruir la relación con tu papá, eso no se resuelve en una plática. Es un proceso con avances, retrocesos y momentos en los que parece que nada va a cambiar. Si hablar no funciona, intenta escribirle una carta o escucharlo primero. Y si la relación es demasiado compleja, pero quieren recuperarla, buscar terapia (individual o familiar) puede ser una gran opción.
Aquí no hay matices. Si la relación con tu papá incluye cualquier tipo de abuso (emocional, físico o psicológico), no tienes que entenderlo, ni perdonarlo, ni sostenerlo. Tu bienestar y seguridad siempre van primero. Poner límites claros o incluso tomar distancia no te hace mal hijo, te hace un adulto que se cuida y rompe con patrones dañinos.
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