Adán y Eva en nuestro ADN

La idea de que la humanidad desciende de estos dos individuos no se parece en nada de lo que nos dice la ciencia.

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Según el mito bíblico, Adán y Eva salieron del jardín del Edén y comenzaron a poblar el mundo. La idea de que la humanidad desciende de estos dos individuos es totalmente incompatible con lo que sabemos sobre el origen de nuestra especie según la ciencia. Sin embargo, sí hubo un tiempo en que los seres humanos éramos muy poquitos, vivíamos únicamente en una zona del planeta, y, sorpresivamente, hasta tuvimos un Adán y una Eva.

La cuestión es que ni ese Adán ni esa Eva fueron humanos. Vaya, que ni siquiera fueron un ser vivo como tal.

Dentro de cada célula existe un organelo llamado mitocondria, cuya función es producir la energía celular. Algo muy particular de la mitocondria es que contiene su propia información genética, que se hereda únicamente vía materna. Casi toda la información genética de una persona viene la mitad de su padre y la mitad de su madre, y reside en el núcleo celular, pero hay un pequeñísimo porcentaje (menos del 1%) que se pasa intacto de madre a hijos a través de la mitocondria. Eso quiere decir que cualquier persona tiene la misma mitocondria que su mamá, que su abuela materna, que su bisabuela, tatarabuela, etc.

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Si nos vamos más para atrás en el tiempo, llega un momento en que las mitocondrias de todas las personas vivas actualmente encuentran un punto en común: una mitocondria a partir de la cual descendieron todas las mitocondrias contemporáneas, una Eva mitocondrial.

La Eva mitocondrial por lo tanto no fue una persona, sino un organelo celular, que estuvo dentro de las células de una mujer. En ocasiones a esta mujer es a quien se le llama Eva mitocondrial, y lo más seguro es que haya vivido en algún lugar de África hace más o menos 150 mil años.

Esta mujer es uno de los ancestros en común de todos los humanos de hoy. De ella heredamos una mini partecita de nuestro genoma, lo cual quiere decir que todo el resto lo heredamos de otras personas, muy probablemente contemporáneas en espacio y tiempo a Eva.

La contraparte masculina de la Eva mitocondrial es el Adán Y. Los hombres heredan el cromosoma sexual Y exclusivamente vía paterna, y por lo tanto su herencia es similar al de la mitocondria. A partir del estudio de diferentes cromosomas Y de muchas partes del mundo se ha llegado a la conclusión de que todos estos cromosomas descienden de uno que existió hace también más o menos 150 mil años, dentro de las células de un hombre que vivió en África.

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Según el análisis de la Eva mitocondrial y del Adán Y, la población humana en la que vivieron no era mayor a decenas de miles de individuos. Este número, aunque mucho mayor que dos, es en realidad una cifra bastante reducida si pensamos que de esa población descendemos los siete mil millones de personas que somos hoy en día.

La historia guardada en nuestro ADN indica que todos somos parientes distantes con nuestra raíz localizada en África, y que aunque tengamos una Eva y un Adán en esta historia, no se parecen ni significan lo mismo que sus tocayos de la Biblia.

Referencias
The Myth of Eve: Molecular Biology and Human Origins
Sequencing Y Chromosomes Resolves Discrepancy in Time to Common Ancestor of Males Versus Females

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