Truena sin truenos

Si las cosas no van bien, entonces van mal; es así de simple

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Estar neceando para que una relación reviva cuando ya está muerta te hace un zombie. ¿Pero cómo tronar sin tanto trueno? Hay veces que tienes que netear contigo mismo y preguntarte si la relación en la que estás te hace feliz o ya no más es pura costumbre.

Si en el fondo sabes que va mal y andas esperando un milagro, lo único que vas a lograr es que te duela más. Date cuenta de que solo estás alargando la agonía. El sueño de todos es una ruptura tranquila, una despedida con beso y abrazo, que el otro agradezca el tiempo compartido y hasta te dé la bendición. Lo malo es que casi nunca es así, por eso hay que estar preparados.

El problema es cuando te da una flojera inmensa “tener” que ver a tu significant other y cuando sí lo ves, nomás te fijas en todos sus defectos… hasta en los que no tiene. Casi todos identificamos estas señales pero no muchos nos atrevemos a enfrentar el problema con la misma determinación con la que empezamos una relación. Cuando llega la pesadilla de no querer estar con alguien, muchos prefieren quedarse por ahorrarse o posponer:

El drama: uno de esos apocalípticos con posible venganza incluida.
Las explicaciones: pensar en razones lógicas, que la verdad ni tú mismo tienes claras.
Tratar de salvar al muerto: que te pidan ir a terapia para intentar salvar la relación, cuando tú lo único que quieres salvar es tu tiempo.
Convertirte en la mala del cuento: y que todos sus amigos, los amigos comunes y hasta tu propia familia te voltee a ver feo, en persona o en el Facebook.
Y lo más importante: no quieres lastimar a quien de verdad querías o todavía quieres, aunque sea un poquito.

¿Cómo ver la luz? 

Hay que entender que una relación no es una condena a cadena perpetua. Incluso ya con un compromiso más grande más vale hablar a tiempo, no quieres entrar en pánico ya con la pistolita de la mesa de regalos en la mano.

El famoso Ghosting. O sea, esa maña horrenda de desaparecer. Tienes que dar la cara y, de paso, una explicación. No hay peor cosa que dejar a la otra persona en “visto”, llena de dudas y complejos.

No seas aprovechado. Olvídate de “la última cena”. Es súper ojete cortar a alguien después de una sesión de sexo apasionado solo porque necesitabas “cerrar el ciclo”. Aguántate y, si vas a terminar las cosas, hazlo sin involucrar sustancias.

No mientas. Si el otro pobre se desbarata en llanto o se monta en pantera, no trates de suavizar las cosas con la bofetada de “podemos ser amigos”. El drama del otro no es tuyo; duele, sí, pero cada quien a resolver lo suyo.

“No eres tú, soy yo”. Es una frase vomitiva. ¡Todos sabemos que eres tú!, así que sacúdete la culpa de otro modo. Dilo: “soy yo, ya no quiero estar en esta relación”. Esos choros de “no es nuestro momento”, “no te merezco”, ni tú te los crees.

No lo hagas eterno. Eso de “vamos a darnos un tiempo” es una gran mentira de la humanidad. Si algo se acabó, sé directo y no prolongues la tortura de la separación.

 

Aprende a cerrar ciclos. Si te están cortando no seas arrastrado, no ruegues, no apliques la de “sin ti me muero”. Duele despedirte de alguien que no quieres dejar ir, pero es más doloroso pedirle que se quede cuando sabes perfecto que quiere irse.

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Tanatólogo y psicoterapeuta. Experto en pérdidas, autor de Los claroscuros del amor y el auténtico rockstar del amor.

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