Amor y parejas
Por: Sofía Leviaguirre
Una de las creencias más viejas que tenemos del amor es que pedir permiso a tu pareja es un gesto de respeto, pero en realidad cero que ver.
En tu relación, ¿deberías pedir permiso o solo avisar a tu pareja de lo que vas a hacer? Por años hemos pensado que pedir permiso puede ser una señal de respeto, peeero, la verdad es que no es tan fácil. Te contamos qué onda.
“¿Puedo salir con mis amigas?” Suena inocente. Pero esa simple frase puede ser la punta del iceberg de una dinámica que va mucho más allá de una girls night. Pedir permiso para vivir, salir, decidir o simplemente ser, es una de las formas más sutiles y dañinas de matar la libertad en una relación. Aunque esto no quiere decir que “ya me voy” sea una buena alternativa. Ni muy muy, ni tan tan.
Mario Guerra, psicoterapeuta especializado en parejas, dice que la vida emocional es como el termostato de una casa. Cuando funciona bien, mantienes una temperatura agradable sin importar si afuera hace un frío polar o un calor sofocante. Pero cuando no tienes autonomía emocional, eres como una casa con el termostato averiado: totalmente dependiente de lo que otros hagan o dejen de hacer. Cuando la vida emocional depende de lo que piensen y digan otros, se instala la necesidad de pedir permiso: no por respeto, sino porque la persona ya no confía en su propia capacidad para sostenerse.
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Hay una diferencia clave que muchas parejas no logran ver: avisar es un acto de transparencia y consideración, pedir permiso es ceder tu poder para decidir. Pero avisar no debería ser algo transaccional, sino que debe enlazarse con las conversaciones del día a día. Si sus planes no aparecen naturalmente en sus pláticas, hay que revisar la comunicación en pareja.
La confianza es ese ingrediente que no puede faltar en la receta del amor. Pero, ojo, porque no es lo mismo confiar ciegamente en el otro y esperar que sea el ancla de tu estabilidad, que confiar en tu propia capacidad para afrontar cualquier situación. El amor y la confianza son la base de su relación, si no son sólidos, todo se tambalea. Por eso es importante construirlos con acciones, comunicación y honestidad. La confianza, además, se erosiona en los pequeños detalles: promesas no cumplidas, verdades a medias, secretos que se acumulan.
Hay una diferencia entre tener consideración con tu pareja y estar en modo sumiso sin saberlo. La clave está en preguntarse: ¿estoy pidiendo permiso porque me importa el otro, o porque sin su aprobación no me siento completo? La respuesta honesta a esa pregunta suele ser el primer paso hacia la libertad que fortalece todas las relaciones. Porque amar no es vigilar, pero tampoco es olvidarnos de compartir.
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Por: Sofía Leviaguirre