El duelo del enamoramiento

Las mariposas en la panza van a morir. A cambio tendrás una relación duradera y estable. Si quieres que tu relación dure, déjalas ir.

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Cuando tus expectativas ya no se cumplen, cuando sientes que tu pareja ya no está tan apasionada por ti, empiezas a sentirte depre, medio chipil y a veces, hasta con frustración, justo lo que pasa cuando pierdes a alguien querido, solo que aquí no es una pérdida de “alguien”, sino de “algo”. Sí, las sensaciones del enamoramiento murieron para no volver nunca más de la misma manera y con la misma persona.

 

Si te identificaste con todo esto… bienvenido al mundo real, donde el amor se transforma, muta, evoluciona y los cuentos de hadas terminan solo en eso: puro cuento.

El peligro más grande es creer que el amor es solo ese paquete inicial de sensaciones y que cuando desaparecen las mariposas, se ha marchado y ya no hay esperanza. Entonces, el problema no es lo que está pasando, sino lo que tú crees que debería estar pasando para sentir que el amor aún se respira entre dos.

El amor es un impulso neuroquímico en el cerebro (sí, lo siento, el corazón no tiene tanto que ver) que suelta una bomba de químicos que hacen que alguien te guste, que te vuelvas  medio adicto a esa persona y que lo veas a través del filtro encandilador que te dice: “todo está bien”. Este estado de enamoramiento, que es tan adictivo, nos hace ser más amables, pacientes, atentos, galanes, seductores y hasta ligeramente más complacientes de lo habitual.

A esta fase se le conoce como la “etapa romántica” y hace parecer que aquello del “uno para el otro” alcanza perfecto para ser felices. De hecho, vivirla es padre pero está bien cañón porque es aquí donde se da el síndrome de “Romeo y Julieta” (el amor obsesivo), en donde se puede llegar a hacer lo que sea con tal de estar con la persona amada y de hecho, mientras más obstáculos se presenten, más fuerte es el deseo de cruzar océanos con tal de estar con el otro.

Pero si no hay obstáculos y su amor es ya una realidad, la cosa cambia. El romance disminuye y aterrizas en la realidad donde te das cuenta que tu pareja no te alcanza para todo, y tienes que regresar a tus rutinas habituales e interese previos. A la vida real, pues.

¿Entonces tenemos que resignarnos a perder esas sensaciones y vivir sin romance? No. Es natural que al principio se sientan muchas cosas que nunca volverán a sentirse igual (al menos con la misma pareja), que es normal en ese proceso de cambio sentirse triste y echar de menos aquellos momentos tan lindos (al final no deja de ser una pérdida), pero la verdadera relación empieza donde el enamoramiento termina.

El romance siempre puede existir, pero sin la obsesión, es decir, aunque no lo sientas ya tan natural, puedes seguir teniendo detalles con tu pareja, y así le damos al cerebro una sopa de su propio chocolate, pues sin que nos lo “ordene”, podemos volver a ser “románticos conscientes”, amortiguar la tristeza y recuperar algo de aquello que sentimos y que hoy extrañamos tanto.

Vivir este duelo es algo que podríamos ahorrarnos pues no deja de ser producto de la desilusión, y esta, de las experiencias no cumplidas. Más que tratar de exprimirle al cerebro la última gota de amor, ajusta tus expectativas a una realidad más útil.

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Tanatólogo y psicoterapeuta. Experto en pérdidas, autor de Los claroscuros del amor y el auténtico rockstar del amor.

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