¿El amor nos hace felices?

Ocho de cada diez mexicanos dice que está satisfecho con la vida y la mitad de los que dicen que son felices están casados, ¿coincidencia?

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Nacimos programados para buscar la felicidad. Sí, somos súper sensibles al drama, al sufrimiento y a básicamente todo lo negativo, pero el cableado de nuestro cerebro está diseñado para buscar placer.

También venimos programados para estar en grupo, las neuronas espejo nos hacen sentir y copiar las emociones del otro, por eso un bebé imita las caras que le hacen sus tíos. Somos seres sociales desde el inicio. De hecho, si lo pensamos bien, la mayoría de las personas somos más felices cuando estamos en conexión con otros y el entorno. Somos más felices viendo una puesta de sol en Acapulco con un mai tai en la mano o cuando jugamos futbol con amigos o estamos enfocados con nuestra pareja (ya sea charlando o teniendo sexo) que parados frente al espejo tratando de entendernos a nosotros mismos.

El aislamiento nos pone tristes. La soledad no nos sienta bien. Estar juntos nos hace felices, pero ¿por qué? A los genes no les importa nuestra felicidad, les importa la reproducción. De ahí que tenemos tres sistemas cerebrales que nos mueven a reproducirnos y a mantener la especie: la lujuria (las ganas de tener sexo), la atracción romántica (regulada por la dopamina) y el sentimiento de apego (regulado por la oxitocina y que hace que nos quedemos juntos a largo plazo).

ALL WE NEED IS LOVE

Estamos “cableados” para el amor. Nuestros sistemas nervioso y endocrino parecen estar diseñados para facilitar que nos conectemos efectivamente, de ahí que la dopamina hace que perdamos la cabeza de amor y deseo por alguien y que la oxitocina nos ayude a fortalecer nuestros lazos con otros. Una de las teorías de personalidad y la motivación más importantes en la actualidad es la Teoría de la Autodeterminación, que propone que tenemos tres necesidades psicológicas básicas: ser competentes (hacer bien algo), ser autónomos (tomar nuestras propias decisiones) y estar conectados con los demás, que es fundamental para estar bien.

La investigadora Bárbara Fredrickson se especializa en el estudio de las emociones positivas y ha encontrado que el amor es la emoción positiva que experimentamos con más frecuencia. No solo eso, sino que el amor parece ser una combinación de todas la otras emociones positivas, como la curiosidad y el interés, la alegría, la diversión, la serenidad, la esperanza, el orgullo y la gratitud. Piensa en alguna persona a la que quieras y podrás identificar cuándo se han dado estas emociones en su relación. Algo importante es que estas emociones positivas, y el amor que las conjuga, se pueden cultivar. No son algo que nos llegue, o no, por suerte, sino que podemos elegir comportarnos de maneras que fomenten estas emociones y podemos construir relaciones amorosas.

Un punto de partida útil es realmente poner atención al otro y apreciar lo bueno de esa persona y de la relación que tenemos con ella, bien sea que la acabemos de conocer o que llevemos toda una vida juntos.

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