¿Cómo pasar del amor romántico al amor verdadero?

La convivencia puede matar el amor romántico, pero el de a de veras se construye en ese día a día, concentrándose en las cosas que sí hay y no en las quejas de lo que falta

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El amor romántico es el de las endorfinas, el de la fantasía, los poemas, las canciones. El que emociona, el que se busca cuando nos metemos al Tinder y al que muchos son adictos. También es el que hace que la gente haga cosas ridículas, el que lamentablemente se acaba como al segundo año de relación, el que se transforma en una de estas dos alternativas: a) un dramón de esos que hacen que las parejas se odien, b) un amor real que se traduce en una convivencia sólida.

Aprendemos a construir el concepto del amor desde la infancia y  nuestras referencias las tomamos de las películas, la televisión, los libros, y llegamos a las relaciones con la expectativa de tener una gran historia de amor, con pasión, sufrimiento, queremos que suceda como si la escribiera un guionista de Hollywood. Entonces queremos que el otro se ajuste al papel que esperamos represente. Le exigimos cada vez más y cuando el otro no nos da lo que queremos, él se convierte en un ojete y ella en una cabrona.

Pasa el tiempo y entremos a la etapa de consolidación o al momento en que falla el amor. Si logramos la consolidación quiere decir que aprendimos a equilibrar el dar y el recibir. Las expectativas tocan tierra. Pero si cada día pedimos más y damos menos y queremos que venga un hada madrina a arreglar nuestros problemas, el amor fracasa.

El amor no es algo estático, parte de construir una relación es enfrentarse a los cambios, este es el gran reto, saber que el rush del principio va a convertirse en otra cosa. Tarde o temprano, las mariposas de la panza se convierten en agruras o las fumiga la costumbre.

Si se va por el mal camino, empiezan las quejas y se dicen cosas como: “mira nomás, eras un galanazo y te has convertido en un bodrio aburrido”. El asunto es que si quieres un final feliz debes saber que las películas se acaban antes de que empiece lo bueno: los reclamos no se ven en la pantalla. El amor real no vende.

El problema del romanticismo es la fantasía que amplifica lo que hay, aunque tenga poca sustancia. Te sientes atraído por un espejismo y después te das cuenta de que eso que tú creías que lo hacía especial, no existe.

Para lograr alcanzar el amor real, el que sobrevive a esa atracción del principio, se recorre un camino diferente, en el que se trabaja en construir una relación, donde hay disposición antes que exigencia.

Las parejas exitosas logran reemplazar poco a poco lo faltante y, para eso, lo primero que hacen es cambiar su actitud, bajan las expectativas, ponen atención en los detalles buenos y lo que sí tienen. Ven lo que hay en lugar de estar haciendo listas de lo que les falta para completar esa fantasía de “vivieron felices para siempre”. Saben que, por más color de hormiga que se ponga, es solo una etapa más del amor y se adaptan a ella.

HÁBITOS DEL AMOR DE VERDAD

Investigadores de The Open University, en Inglaterra, hicieron una encuesta entre 4994 personas entre 18 y 65 años y analizaron el comportamiento de 50 parejas exitosas, a pesar de la convivencia y los años. Estos fueron los hábitos que encontraron en su relación.

En casa:

  • Apagan la tele. Sueltan el teléfono y se dan tiempo para preguntarse ¿cómo te fue?, ¿cómo estás? Se interesan en el otro
  • Cuidan su espacio. Cocinan o pintan una pared o ponen orden o planean actividades que refuerzan su intimidad.
  • Se acurrucan. En las mañanas antes de ir a trabajar, o en la noche antes de acostarse.

En todos lados:

  • Caminan juntos. Para conversar, tomar aire y compartir tiempo de calidad.
  • Tienen detalles cariñosos. Como hacerle el café por las mañanas al otro. Pequeños gestos que hagan sentir bien a los dos.
  • Hablan bien de su pareja. Si te concentras solo en lo malo y lo conviertes en un chisme: “prediction… pain!”
  • Están en contacto. No es que tengas que hablar todo el día pero, si tienen horarios y agendas difíciles, un mensaje nunca cae mal.
  • Se dicen cosas bonitas. No se trata de hablarse chiqueado y decirse “bebé”, pero un piropo hace feliz a cualquiera.
  • Tienen proyectos y metas. Ya sea comprar una casa o irse de viaje, algo que implique el esfuerzo de ambos.

Y el más importante:

  • Hay respeto. Te acepto como eres a pesar de las diferencias que podamos tener.

 

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