7 razones por las que los hijos pueden darle en la torre al amor

Sí, los desacuerdos pueden llegar por sus hijos, así que pónganse las pilas

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Las adoradas criaturitas pueden convertirse en asesinas del amor por todas estas razones:

1. Tener desacuerdos en la educación
Las diferentes formas de educar a los hijos pueden llevar a los papás a la guerra. Típico  que a uno le parece irrelevante que el angelito coma con la boca abierta o que no salude a las 20 tías cuando llega a casa de la abuela, pero el otro se eriza cada vez que pasa y culpa a sup areja porque al niño le falta poco para ser un delincuente. LA educación de cada uno es dierente, y cuando tratan de imponer sus estilos sin ponerse de acuerdo terminan de la greña y, paradójicamente, los niños estaran más maleducados y confundidos.
Solución: Lo ideal es que esto lo hayan platicado y acordad antes de tenerlos, pero si ya están metidos en la bronca, tengan presente que nadie está ni bien ni mal. Siéntense y, egos de lado decidan qué es mejor para cada hijo. NAda de “pero es que mis papás…”, “en mi casa nunca fue así…”.

2. Jugar al policía bueno y al policía malo
Cuando uno lo regaña porque tiene el cuarto hecho un asco o porque la criatura tronó ocho materias de nueve, ahí va el otro a comprarle algo o llevarlo al cine para consolarlo por el cague. ¿Saben qué? ¡Dan ganas de matarlo! No hay que ser extremistas: si uno es durísimo con los hijos y el otro trata de compensarlo con flexibilidad, regalos, permisibilidad y tolerancia, terminan reclamándose que “no estás de mi lado”, “me llevas la contraria”, “soy la mala de la casa y tú el consentido”.
Solución: inviertan dos horas en hacer una lista de las situaciones en las que se llevan la contraria y encuentren puntos medios de rigidez en la educación: si no lo logran, necesitan orientación de un profesional.

3. Poner toda la atención en los hijos
Acaban como zombis, muertos en vida, después de atender las tareas, las clases de ballet, el equipo de futbol, la cena, el baño o el cuento de los chiquillos. Ya ni se voltean a ver ni les queda energía o tiempo para estar solos y mejor ni hablamos de cooperar, porque pasa casa año… si pasa. Uno de los factores que más afectan la relación de pareja es centrar la atención de manera determinante en los hijos y olvidar que algún día hubo un romance.
Solución: La única manera de que continúen siendo familia es que sigan siendo pareja, así que un día a la semana salgan solo los dos, o una vez cada dos meses escápense un fin de semana y túrnense las responsabilidades.

4. Hablar pestes del otro frente a ellos
Tus hijos no son ni tus amigos ni tu psicólogo; si tienes quejas de tu pareja no están ellos para saberlo. “¡Ya ves, otra vez tu papá que nos da una bicoca”!, “¡Tu mamá de la nada se pone como chivo en cristalería!”. No hay nada peor que hablar mal de ustedes enfrente de los hijos, ¿qué clase de mensaje les están dando? Si no hay respeto entre ustedes, no lo esperes de ellos. Tampoco hay que minimizar lo que tu pareja hace por los hijos, pero si no te parece suficiente, háblalo.
Solución: Guárdate tus reclamos para tus amigas o confronta a tu pareja, pero por el amor de Dios no los involucres en sus broncas. Aprende a ver lo bueno que hace y, es más, dilo enfrente de los hijos para fomentar en ellos el agradecimiento.

5. Invitar “educadores”
“Ay, qué chistosos tus hijos que comen tan pocas verduras”, “¿quieres que lo llevemos a la peluquería?, porque parece que le hace falta un cortecito”, “¿todos los calcetines de tus hijos tienen hoyitos?”. Dejar que tu mamá, la suegra, la maestra, tu amiga del club o su hermano opinen cómo educar a los hijos es desastroso. Sobre todo si lo haces sin platicarlo antes y a media pelea dices: “pues mi mamá cree que esto los va a meter en cintura”. Dramón.
Solución: Si van a meter a un tercero a la relación, que sea un terapeuta que los oriente en sus broncas. Si los demás quieren opinar, tú escucha, pero no ejecutes sin platicar con tu pareja.

6. Ser necio e intolerante
Los niveles de tolerancia hacia ciertas conductas de los hijos son muy variables. Los enojos y las agresiones entre la pareja, en mucho, dependerán de qué se tolera y qué no. Si cada uno de los miembros de la pareja se monta en su macho no van a poder negociar, y cada vez que se atraviese un tema de cuidado y educación de los hijos, van a terminar enojados y de pleito.
Solución: aprendan a negociar cediendo poco a poco en más cosas. Ábranse a escuchar lo que el otro opina, tal vez vea cosas que no ves tú. Antes de defenderte o de querer imponer tus propias ideas, analiza si no es mejor llegar a un punto medio.

7. Pelear por dinero
“Mamá, necesito dinero para salir con mis amigos”, “No tengo, mijito, pídele a tu papá”, “pero mi papá me dice que tampoco tiene y que te pida a ti”. ¿En qué acaba esto? En un santo pleito. El dinero y la forma de distribuirlo y gastarlo puede ser un problema en general, pero con los ijos se pone mucho peor y acarrea batallas campales. Generalmente, el que más da dinero suele ser el favorito, pero no deben caer en estos juegos de manipulación.
Solución: hablen y acuerden la manera en la que se les comprarán cosas a los hijos. La compra excesiva genera manipulación, desinterés y falta de aprecio por lo que tienen. Sean claros con las cuentas, nada de “toma, mijito, te doy 500 pero no le vayas a decir a tu papá”.

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