Amor y parejas
Por: Sofía Leviaguirre
El peso influye en tu deseo sexual de muchas más maneras de las que te imaginas. Entenderlo te ayuda a cuidarte y mejorar tu vida sexual
Tanto el sobrepeso como el peso muy bajo pueden alterar el equilibrio hormonal del organismo, afectar la energía y modificar la autoestima. Así es como el peso influye en tu deseo sexual.
El deseo sexual no depende únicamente de la atracción o del estado emocional. El cuerpo también juega un papel fundamental. De hecho, el peso puede influir directamente en la libido porque está relacionado con factores hormonales, metabólicos y psicológicos.
En las mujeres, el peso tiene una relación directa con la producción hormonal, especialmente con los estrógenos y la testosterona, dos hormonas clave para el deseo sexual. El exceso de grasa corporal puede alterar la producción hormonal. El tejido adiposo produce estrógenos, por lo que niveles altos de grasa pueden generar desequilibrios hormonales que afecten la ovulación y el deseo sexual.
Por otro lado, el peso demasiado bajo también puede provocar una disminución del deseo sexual. Cuando el cuerpo tiene poca grasa, puede reducir la producción de hormonas reproductivas como mecanismo de protección.
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En los hombres, el peso tiene una relación especialmente importante con la testosterona, la hormona principal responsable del deseo sexual. El exceso de grasa corporal, sobre todo en el abdomen, puede reducir los niveles de testosterona. Esto ocurre porque el tejido adiposo convierte parte de esta hormona en estrógeno mediante un proceso llamado aromatización. Cuando la testosterona baja, también disminuye el deseo sexual, la energía y la función eréctil.
El sobrepeso también puede generar fatiga, inflamación y menor resistencia física, lo que reduce la motivación para la actividad sexual. El peso bajo, como el de una restricción calórica extrema, por ejemplo, también puede provocar cansancio constante y baja energía.
El sobrepeso y la obesidad también pueden afectar la salud cardiovascular y la circulación. Y esto importa más de lo que creemos en la vida sexual, porque la erección depende directamente de un buen flujo sanguíneo. Cuando hay problemas en los vasos sanguíneos, el desempeño sexual puede verse afectado. De hecho, la disfunción eréctil muchas veces puede ser una de las primeras señales de que algo no anda bien a nivel metabólico.
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Tanto en hombres como en mujeres, el deseo sexual tiene mucho que ver con cómo nos sentimos con nuestro cuerpo. Cuando no estamos a gusto con nuestra imagen, es normal que aparezcan inseguridades en la intimidad, y eso puede hacer que tengamos menos iniciativa o que simplemente no disfrutemos el momento como podríamos. Esto no significa que exista un “peso ideal” para tener una vida sexual plena, sino que la relación con nuestro cuerpo influye mucho en el deseo.
Más que enfocarse únicamente en el número de la báscula, los especialistas coinciden en que lo realmente importante es la salud metabólica: niveles hormonales equilibrados, buena circulación, energía suficiente y bienestar psicológico. Una alimentación equilibrada, actividad física regular, buen descanso y manejo del estrés son factores clave que favorecen tanto la salud general como el deseo sexual.
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