Salud mental
Por: Revista moi
Descubre 20 formas de hacer tu vida más fácil y recuperar energía mental con decisiones simples y poderosas.
La vida ya es suficientemente complicada como para encima ponérnosla más difícil. A veces no se trata de hacer más, sino de dejar de hacer lo que nos drena. Estas decisiones simples pero poderosas pueden hacerte la vida mucho más ligera. Así que toma nota, porque nunca es tarde de ajustar el rumbo con estas 20 formas de hacer tu vida más fácil.
No es tu trabajo, no es tu responsabilidad y, spoiler: no funciona. Cuando sueltas la necesidad de que otros sean distintos, recuperas una cantidad absurda de energía mental.
Quejarte no te desahoga, te ancla a los pensamientos negativos y hace que tu mente se enfoque en ver lo malo. Cada queja refuerza el foco en lo que no funciona. Cambia la queja por acción, por aceptación o por agradecimiento.
No es solo vanidad, es autocuidado básicoooo. Deja de lado que no solo llegarás a viejo con un montón de arrugas y manchas en la piel, el cáncer de piel es uno de los principales del mundo y ponerte bloqueador puede hacer la diferencia.
Dormir mal hace que todo pese más: las decisiones, las emociones, los conflictos. Muchas crisis no son existenciales, son falta de descanso. Dormir bien no arregla todo, pero lo vuelve manejable y además, es lo te ayudará a vivir más año y tener tu salud al 100.
No de gente perfecta, sino de gente que no te drene y no te robe la paz. Las personas con las que convives influyen en tu ánimo, tu autoestima y tu energía. Estar con quien te resta cuesta más de lo que parece.
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La culpa no mejora tus hábitos, solo genera una relación tensa con la comida y contigo. Comer con conciencia es muy distinto a comer castigándote mentalmente por cada bocado.
No todo comentario es un ataque, ni todo gesto es contra ti, recuerda no eres el centro del Universo y esa persona puede estar pasando un millón de cosas que no tienen que ver contigo y lo hacen actuar así. La mayoría de las personas actúa desde su propia historia, no desde la tuya. Entender esto te ahorra dramas innecesarios.
No para de peso, sino como regulación emocional y para asegurarte una vejez digna. El cuerpo necesita moverse para procesar estrés, enojo y ansiedad. El ejercicio no es castigo, es descarga, es protección, es autoestima y es salud.
Cuando todo importa, todo abruma. Tener claro qué sí y qué no te corresponde te ahorra decisiones diarias, culpas y desgaste mental.
Caminar ordena la mente sin exigirle nada. No tienes que rendir, resolver ni demostrar. Solo avanzar un paso a la vez, eso también ayudará a mejorar tu salud.
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No porque todo esté bien, sino porque entrenas a tu mente a no vivir solo en lo que falta. La gratitud no niega los problemas, los pone en perspectiva y te ayuda a enfocarte en las cosas buenas de la vida.
No desde la resignación, sino desde la honestidad. Dejar de pelear contigo libera una cantidad enorme de energía que puedes usar para crecer en lugar de castigarte. Además pasarás toda la vida contigo, mejor acéptate de una vez y trátate con amor.
La risa relaja, conecta y relativiza los problemas. No lo resuelve todo, pero lo hace más llevadero, y hasta puede ser la fuente de la eterna juventud.
El caos externo se cuela en la cabeza. Ordenar tu espacio no es control, es claridad. Menos ruido visual y menos ruido mental.
Compararte constantemente no te inspira, te desgasta y afecta cañón tu salud mental. Tomar distancia de las redes te devuelve tiempo, enfoque y presencia en tu propia vida. Inténtalo, aunque sea como experimento y ve cómo te sientes.
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Decir no no te hace egoísta, te hace responsable de tu energía, de tus decisiones y de tu salud. Cada sí que das sin quererlo es una factura emocional que pagas después.
Asumir desgasta más que preguntar. Muchas preocupaciones nacen de historias que inventamos en nuestra cabeza y vaya que esa voz interna puede ser tu peor enemiga, así que si tienes dudas, mejor pregunta.
Con los demás y contigo. La amabilidad reduce conflictos y mejora cualquier entorno, empezando por el tuyo. Además, la recuenta recuerda cómo los hiciste sentir.
No perfecto, no excesivo. Solo tu mejor versión posible hoy, eso te ayudará a sentirte feliz y satisfecho, dejando de lado las culpas.
No se trata de negar lo difícil, sino de creer que puedes atravesarlo. La actitud no cambia la realidad, cambia cómo la vives y hace todaaa la diferencia entre vivir amargado o vivir feliz.
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