Una de tantas tragedias que no se ven

Los esfuerzos internacionales para frenar la violencia, han fracasado.

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No es nada nuevo y tampoco es el único caso. La violencia y las crisis humanitarias que llegan a nuestra vista son aquellas que afectan directamente a lo que consideramos nuestro entorno cercano. Por entorno cercano no me refiero a nuestra colonia o ciudad, hay regiones del planeta que consideramos cercanas sin importar si geográficamente se encuentran a mucha o poca distancia de nosotros. Otras regiones son ajenas a nuestro interés a pesar de estar a menor o igual distancia.

Ejemplos sobran, solo mencionaré uno. El conflicto en Siria ya rebasa los 6 años y solo cada tanto aparece de nuevo en el radar de los medios tradicionales. Eso no significa que el resto del tiempo no pase nada simplemente ocurren cosas que no tienen que ver, o de menos eso pensamos, con nuestro entorno “cercano”.

Sobra decirlo pero viendo cómo está el mundo hay que recalcarlo. Es obligación ética tener empatía por todos los seres humanos. En esta ocasión me centraré en otra de las graves crisis que hay en el planeta.

Haciendo simple un relato complejo. Uno de los países con más bajo índice de desarrollo humano es la República Centroafricana que cuenta con poco menos de 5 millones de habitantes. Desde hace unos 5 años enfrenta una despiadada guerra civil que enfrenta a grupos musulmanes y cristianos. Como sería de esperar, esto ha golpeado de manera importante a la población civil. Decenas de miles de personas han muerto, cientos de miles han tenido que escapar de la violencia y a esto se suman abusos sexuales a mujeres y menores, pérdida de tierras, hambre y la larga lista que siempre acompaña a estos conflictos.

Los esfuerzos internacionales para frenar la violencia, para variar, han fracasado. De igual forma los intentos por mejorar las condiciones de vida de buena parte de las zonas que solo interesa explotar sus recursos naturales. La comunidad internacional se ha centrado en atender la crisis humanitaria pero no el origen de ella. Más de 500 mil personas han tenido que huir a los países vecinos y el número de desplazados internos crece día a día. La gran mayoría de los refugiados del mundo se encuentran en países pobres mientras los países desarrollados discuten qué hacer y colocan cuotas bajas de asilo a refugiados. La presencia de refugiados en regiones con escasos recursos suele aumentar la tensión con los habitantes locales.

La agencia de la ONU para los refugiados, el ACNUR, hace lo que puede. Con escasos recursos y una demanda creciente de atención a refugiados su trabajo se complica.

Hoy, en República Centroafricana el 50% de la población requiere asistencia para subsistir. Sí, la mitad. Para atender las necesidades de los refugiados de la República Centroafricana en Camerún el ACNUR calculó que requería 55 millones de dólares durante 2016, solamente recibió 21 millones. Así de claro el compromiso internacional. Es por ello que el suministro de alimentos ha tenido que reducirse sustancialmente. Los refugiados están recibiendo poco más de 5 kilos de alimento por persona al mes. Diariamente su consumo es ligeramente superior a las mil calorías. Esto ha colocado a uno de cada cuatro en serios problemas para sobrevivir al hambre.

Y así, día a día la tragedia humana en República Centroafricana que no tiene solución a la vista no solo acaba con las vidas de miles y miles de personas, sino que acaba con lo que entendemos como humano.

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Jacobo Dayán es experto en Derecho Humanos, historia mundial contemporánea, genocidios y relaciones internacionales.

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