¿Por qué odiamos a algunos maestros?

Esos maestros que te ponen una película toda la clase, no necesariamente se ganan el cariño de sus alumnos, de hecho es TODO lo contrario.

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Con cuánto disgusto y cuánta molestia, con cuánto desánimo y cuánto afán de revancha recuerdas a tus maestras, a los profesores que te ignoraron, que pusieron a tus compañeros en tu contra, que te malinterpretaron acusándote de haragán, de perezosa o de mentiroso, dejando una huella de resentimiento en lo más profundo de tu ser.

¿Cómo eran, qué hicieron, qué hacían?, ¿cómo consiguieron que les guardes resentimientos? Aquí tienes una lista de las características que consiguen que alumnas y alumnos tengamos recuerdos pésimos de maestros pésimos.

Proyectan debilidades y complejos.
Se quejan, se excusan, usan su poder para demostrar fuerza o debilidad, no hay sinceridad. Son pasionales o hipócritas. No les faltan expresiones como: Tú, la Barbie estudiante, pasa al pizarrón a ver si como roncas duermes…, ya me hicieron perder mi tiempo, ahora se quedan hasta las 6…, estoy enfermo de migraña, por favor ya cállense.

Les vale lo que pasa alrededor.
Llegan y se van, esta es una actividad como cualquiera y ya. Si Paquita no vino porque murió su mamá, ¿y quién es Paquita?; si está temblando: esperen a que pase; ¿Y tú, qué haces aquí?, profe, soy Betsy, siempre me siento aquí. sí sí, ta bien.

Hacen diferencias, discriminan, bullean.
Para hacerse populares y graciosos, buscan un puerquito a quien humillar o después de haber identificado a la niña rica la ayudan para hacerse su amiga. A veces la indiferencia es su crueldad. Maestra ya terminé…, qué bien, a ver Lulo enséñame cómo vas; Gracias Chuy por la corbata, miren qué bonita, tu buen gusto tiene 2 puntos más… Pelón, ¿ora qué traes?

Practican la ley del mínimo esfuerzo.
No dan clase ni corrigen trabajos ni califican exámenes. Pueden gozar de enorme simpatía porque distribuyen el temario para que sus alumnos expongan la clase. Detrás de unos cómodos anteojos obscuros esperan pacientes a que toque la campana.

Son sucios y no se arreglan.
Tienen hábitos y costumbres muy relajados. Maaa, mi miss apesta a pollo…, traigo tenis porque vengo de correr… Con esos pelos, con esos lamparones en la bata, con esa rancia peste a cobija, con ese descuido de uñas no se le puede pedir a un niño que traiga la tarea limpia, es difícil ser ejemplo para una joven.

Son faltistas, impuntuales y desordenados.
El menor pretexto es bueno para faltar, para perder el tiempo. En la clase de hoy veremos una película de cómo se aparean las ballenas…, Maestra, es clase de Derecho… bueno, tiene mucho que ver… El viernes tengo que ir al Seguro, nos vemos el martes…, ¿y el lunes?…, tengo que ir al ISSSTE… Trabajemos estos diez minutos, el micro no pasó…, prof, pero nunca pasa.

Son anticuados.
No quieren dar el salto al presente, les vale que ya exista Google y Wikipedia, sus métodos de te dicto, copia del pizarrón, pasen en limpio los apuntes, y para mañana traes cien líneas, ya fueron rebasados por tablets, smartphones y laptops.

No les importa si alguien aprendió.
De 1º. De preescolar al último grado de bachillerato, vocacional o carrera técnica transcurrieron unas 15,000 horas ¿y no sabes dónde está Durango, y escribes uviera, y dices lo que es?, ¿te suena raro que en Moscú sean las 7 y aquí las 12? Bueno pues, ¿quiénes fueron tus maestros? Esto nos pasa a muchos. Un profesor incapaz de aplicar los conocimientos puede frustrar una carrera brillante. Para una maestra novata digamos que nimodo, pero que los años pasen y los alumnos digan lo mismo, es un fiasco.

No aprendemos porque no hay estímulos que despiertan nuestro interés, nuestra sensibilidad, los esfuerzos de los que cada uno de nosotros somos capaces. Las malas mises, profes, teachers, maestros a los que uno olvida con facilidad, son esas personas incapaces de encender y avivar la llama del motivo.

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