El factor Figueroa: yo no sé mañana

leí que bailar es buenísimo para aumentar la memoria, perder peso, disminuir el colesterol, fortalecer el corazón y combatir el Alzheimer. Así que me dije “¡vamos! festeja y cuida tu salud"

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Una revista médica, la New England Journal of Medicine, asegura que el baile puede ayudar a revertir la pérdida de volumen en el hipocampo (la parte del cerebro que controla la memoria), lo que evitaría padecer demencia senil.

Por lo anterior ¡me fui a La Maraka! -“el Palacio de la Salsa”- y bailé como loca, como si nadie me estuviera observando. Y la verdad es que sí me veían porque era la única en el lugar que bailaba fatal. Bueno, yo y mi amiga Eva que movemos el cuerpo con alegría pero sin ritmo. O mejor dicho sin el ritmo correcto, porque no distinguimos y agarramos el mismo paso parejo aunque se trate de pop, salsa, cumbia o merengue. Eso sí, muevo mucho la cadera porque en algún momento de la vida practiqué ‘tahitiano extreme’ (ya sé, soy rara) y se me quedó el muelleo. Por favor, no se rían.

Estuve en el corazón de la colonia Narvarte Norte, porque mi amigo Luis Enrique celebraba su 30 Aniversario como cantante y no quería perderme el concierto. Además leí que bailar es buenísimo para aumentar la memoria, perder peso, disminuir el colesterol, fortalecer el corazón y combatir el Alzheimer. Así que me dije “¡vamos! festeja y cuida tu salud”. Pues allá voy.

Luis Enrique es un músico y cantante fantástico. Es nicaragüense y uno de sus grandes éxitos es el himno que canto casi todos los días, titulado “Yo no sé mañana”. Ya saben, el de “yo no sé si soy para ti, si serás para mi, si lleguemos a amarnos o a odiarnos, yo no sé mañana, quién va a estar aquí…’

Pero no crean que conozco a LE de ahorita, uy no. Lo escuché por primera vez hace 28 años y desde entonces soy fan. Tenemos temas favoritos en común como la música, la fotografía y los helados (jajaja se los juro), así que nos sobra plática. Aunque esta vez nos falló la comunicación y no supe que cantaría en el legendario salón hasta la una de la madrugada.

Por mal informada llegué a las 10, así que para hacer tiempo -vodka en mano- bailé 3 horas seguidas. Total, la noche era joven y había grupos de ‘super cachete’, entre ellos la Sonora Dinamita, que no podía desperdiciar.

Ay qué lástima, queridos lectores, que no me vieron deslizarme por la pista mientras cantaba “perdóname si te digo negro José, eres diablo pero amigo negro José, yo te digo porque sé, amigo negro José”. Se hubieran carcajeado igual que yo.

Bailé tanto, que cuando salió El Príncipe de la Salsa estaba agotada. Sudé tanto que, sumado a los ‘side effects’ de la menopausia y la despeinada, parecía la niña del Exorcista. Eso no fue un impedimento para tomarme fotos con mis nuevas amistades: una pareja a punto de casarse, un taxista, unas peruanas de cuerpo exótico, un bailarín consumado de 70 años aproximadamente y varias señoras sandungueras. Creo que no podían creer que yo fuera yo.

La maravilla de salirse de la rutina y cambiar de aires.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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