El Factor Figueroa: Urgencias

¡Auxilio! ¿Alguna vez han sentido que se mueren?

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Desperté a media noche con un derrame cerebral.

Así que mientras me vestía para correr al hospital, puse en Google ‘síntomas’ y me paré frente al espejo para checar si tenía o no. Levanté los brazos, revisé si sonreía igual de la comisura derecha que de la izquierda y pronuncié algunas palabras difíciles de jalón, por ejemplo “arteriosclerosis”. Pude hacer todo bien, pero como soy una persona desconfiada de las respuestas en línea, me dije “mi Martha, esto es un ‘stroke’ real, corre por tu vida”.

Traté de no alarmar a mi hijo, solo le dije “noteasustesperomeestadandounderramecerrebral” y en dos minutos ya estábamos trepados en el Uber, pedido por mí. Según el conductor, llegaríamos al destino en 11 minutos pero el ‘Waze’ nos mandó por calles cerradas (claro, el ‘Waze’ es una estúpida máquina que no conoce a Monreal ni sabe cómo funciona la Condesa). Mientras guiaba al chofer perdido, también rezaba para que mis células cerebrales tardaran más minutos en morir (¡maldito ‘Waze’!), para que hubiera algún médico experto y para tener tiempo de darle a Alex todas las contraseñas por si me moría y/o quedaba muda (¡todo eso! recuerden que soy multitasking).

Cuando llegamos a Urgencias, tuve que esperar porque antes de mí había un señor con botas y sombrero a punto de sufrir un infarto. No entendí si tenía las arterias tapadas o se asustó con el precio del hospital británico. En lo que el buen hombre decidía si entrar o no, yo grité detrás “¡buenas noches, creo que me está dando un derrame!” y enseguida salió una doctora que me me tumbó en una camilla y me llenó de preguntas.

Yo repetí nombre, edad, síntomas y hábitos sin parar (no crean que por necia, es que me lo preguntaron 10 veces), muy obediente. Con la mano izquierda recibía el suero y los piquetes y con la derecha firmaba el ‘voucher’ para los gastos correspondientes.

Mi pobre Alex tenía una carita, nunca me había visto en la lona. ¿Y si me muero? Me entró una angustia espantosa porque mi hijo no está preparado para un golpe así y porque…¡tengo muchas fotos que borrar! (jajaja).

Como se imaginarán, no había tal derrame. Después de la tomografía y las pruebas de sangre (solicitadas por mí), el ‘consejo de sabios’ de pijama quirúrgica azul llegó a la conclusión de que soy la mujer más sana del mundo, con un dolor de cabeza muy perro.

– ¿No hay infarto cerebral? No.
– ¿Deshidratación? No.
– ¿No necesito una angioplastia? No.

Me vestí con toda la dignidad del mundo, mientras mi vecino de cubículo -el hombre del sombrero- roncaba a pierna suelta, tal vez soñaba que alguien liquidaría la deuda y el corría feliz por su natal Toluca. Ni derrame ni infarto. ¡Somos un par de suertudos compadre!

Uno de mis doctores de cabecera, dice que es purostressy mi otro doc encontró exceso de vitamina B12. Como quien dice, estoy sobrada.

Yo digo que fue un simple “éstate quieta”. Así que me auto-receté descanso y ahora paso las tardes viendo series y películas a discreción, sin que nada me perturbe. Ni siquiera los 15 correos diarios pidiendo que cambie de peinado. Ya lo dijo la Hillary: kiss my ass. Estoy de acuerdo.

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2 COMENTARIOS

  1. Yo por eso siempre digo, no hay que invertir la salud en el trabajo, neta nadie te reembolsa rendimiento alguno! Hay que trabajar para tener con que disfrutar la vida, más no vivir para trabajar! Que bueno que el asalto fue sólo a tu cartera y sin violencia! Pero cuando quieras mejor nos vamos a rodar por la condesa sin necesidad del inútil waze!

  2. Creo que esto de buscar los síntomas, solo complica nuestro ya grado de estrés, y lo peor es que preocupamos a nuestros seres más queridos, he pasado lo mismo y a parte de los gastos, creo que no se controlar mis emociones y nos ponemos peor.

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