El Factor Figueroa: Mi ‘roomie’

La historia de cómo me quedé sin casa y mi experiencia con la nueva roomie.

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Creí que quedarme (temporalmente) sin hogar, era el principio del fin. Dejé de sonreír por días, hasta que me convertí en refugiada. Más que damnificada, soy, digamos, una desplazada.

Pensarán que estoy loca, pero han pasado cosas buenas después del temblor.

Debo confesar que después del sismo los Figueroa nos convertimos en la familia Burrón (hagan de cuenta, solo nos faltó el perico), juntos para todos lados. Claro, cuando alguien me ofrecía techo y comida mientras encontraba un nuevo lugar, yo contestaba: “¡muchas gracias! Pero somos 5 ¿Está bien? ¿sí cabemos?”. Todos nos batearon, menos mis primos que son lo máximo y una amiga fantástica.

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Pues allá vamos: mi hijo, su novia, la señora de la limpieza, el perro y yo. Menudo quinteto. Es que decidí, por seguridad y logística, que nos quedáramos juntos hasta que pasara la emergencia (aunque debo confesar que soy la peor en caso de emergencia y/o accidente: lloro, grito, corro, etc.).

Así fue como Rufina –la asistente del hogar que limpia, cocina y ha cuidado a Alex durante años- se convirtió en mi ‘roomie’. Primero compartimos sillón, luego cuarto y baño (“qué onda Rufi ¿te bañas tú primero o yo?”). Hemos vivido juntas casi 16 años y no sabía exactamente cuánto se tardaba en la regadera o si cantaba o no, cómo toma el café, cómo duerme y lo que disfruta con las telenovelas. Bueno, lo único que sabía es que le encanta Sebastián Rulli, y cuando él aparece en la tele no hay nada que valga, ella no atiende.

Como les conté antes, soy mala manejando estrés (es que me pongo muy dramática, ponle que parezco Libertad Lamarque). Pues fue una sorpresa descubrir que Rufis es una de esas personas que conserva siempre la calma. Cuando el edificio se movía, ella decía “mejor aquí nos quedamos señora, a que pase, ya no da tiempo de bajar..” Yo gritaba como posesa “¡no me importa, córrele, esto se va a caer!”.

Mi madre diría que es muy ‘pachorruda’, yo sospecho que es budista-guadalupana. Y que bueno, porque en nuestra intensa convivencia me enteré que es diabética y entonces se protege de cualquier susto y/o sobresalto para mantener los niveles de glucosa en su sitio. Después de tanto susto, siento que cualquier día me voy a hermanar con Rufi también a nivel azúcar en la sangre.

Además se adapta a lo que sea y en cualquier clima, colonia, o situación, encuentra con quien platicar, hace amistades y no se paraliza. Creo que tengo mucho que aprenderle…¡y otras cosas que no! No sé, por ejemplo, soy la persona más ordenada y ella todo lo contrario. La verdad, es un caos la canija pero cocina rico (y fue a caer en la casa de una mujer comelona, cayó en blandito).

No fue la única sorpresa que me trajo el temblor, también descubrí que tenía a muchas personas mal catalogadas. Es decir, los que creía que eran buenas personas en realidad no lo son tanto. Los que parecían inútiles, resultaron ser unas joyas de ayuda al prójimo. A los que no admiraba nada, ahora los idolatro por su solidaridad y trabajo interrumpido por las persona afectadas. Era fan de algunos y ahora los alucino por su poca capacidad de amor a los semejantes.

Por supuesto, no estaba errada en todo. Mis personas favoritas, esos grandes amores que tengo en un renglón aparte, siguen ahí. (no me equivoqué en escogerlas ¡Yeah!). Geniales, altruistas, inteligentes, amorosas, comprometidas, desprendidas, valientes, ¡guapas! (yo traigo una cara desastrosa), coherentes y bien vibradas.

Me encantaría ser así. De preferencia sin terremoto de por medio. Aprender de la vida y de las personas sin grandes sacudidas, sin empujones, yo solita. Estoy en eso.

Me estoy reencontrando conmigo y sabrá Dios en qué va a parar ése bonito reencuentro.

P.D. Espero que todos estén bien. Y gracias por las muestras de cariño. ¡Besos!

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