El Factor Figueroa: Meghan y Meade

El 2018, será como cualquier otro año, pero no para estas dos personas.

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No sé ustedes, pero yo estoy encantada con las historias de Meghan Markle y José Antonio Meade, en ese orden. Una se va a convertir en princesa y el otro en Presidente de México. ¿Quién encontrará más sapos en el camino?

Según los expertos el próximo año será tremendo para el resto de los mortales, pero al menos dos personas la van a pasar increíble y eso me parece motivo de esperanza (¡hay que ser positivos!).

Mientras se cocinan la boda en Buckingham y las Elecciones 2018, yo solo tengo algunos planes menores para el año que viene y estoy emocionadísima. ¿Se imaginan cómo despertó hoy el señor Meade?

Debe estar ensayando frente al espejo un discurso presidencial o buscando en Internet temas variados como ‘moda presidencial’, ‘decoración de interiores presidenciales’, ’shorts de pierna alta’ (para participar en la próxima carrera Molino del Rey) y, por supuesto, ‘guayaberas para toda ocasión’.

– Oye José Antonio ¿vamos al cine?

– “¡No puedo! estoy muy ocupado, es que voy a ser Presidente”.

Supongo que también debe estar borrando de Internet que si la foto comprometedora, que si la noticia incómoda. Esas cosas.

Pero por el lado amable, que alegría pensar que te ha cambiado la vida, incluídas las cosas básicas. Por ejemplo, que ya no padecerás el tráfico, que no tienes que llevar el coche a verificar (ya les contaré un día de estos mi odisea), que viajarás por todo el mundo sin gastar, que ya no tienes que preocuparte por los vecinos latosos ni por los ladrones (nadie podrá acercarse a tu casa sin memo y/o autorización) y que ya no pagarás renta, ni luz, ni agua, ni gas…¡Yeah! Lo anterior lo digo porque debe haber una ama de llaves en Los Pinos que se encargue de eso, con presupuesto celestial, sin que tú batelles con esas nimiedades.

Conocí al futuro Presidente (ay perdón que me adelante, pero sinceramente, no creo que ganen AMLO o Margarita) en un restaurante japonés en la colonia Roma antes del temblor y desde esa noche me siento un poco ligada a él. No sé, a veces el sushi te une y los ‘noodles’ se convierten en lazo. Además, dicen los orientales que en la forma de sorber el ‘nooodle’ se conoce a la persona.

Creo que ya les había contado un poco pero, claro, como Meade no era el ‘hombre del momento’ no me pusieron atención. El caso es que por casualidad me senté en la mesa de junto y cuando digo ‘casualidad’ es verdad. No piensen que les pedí “por favor, necesito la mesa al ladito del futuro ‘number one’ y a su amigo al que un día le pedí trabajo no me dio, para saber exactamente de qué hablan y qué comen”. No.

Era una noche de verano, así que compartimos el patio con foquitos de un restaurante que es delicioso y súper amigable: cada vez que entras o sales, todos gritan entusiasmados “¡gracias por venir!”. Se me ocurre, que puede ser un buen lugar para curar la depresión cuando todos lo dejen de querer. O no.

Y la verdad, quisiera contarles secretos más jugosos pero en otra mesa había cuatro mujeres regias muy escandalosas y no se escuchaba claramente lo que el aun secretario de Hacienda y el dueño de un periódico de apretados rizos alegaban. Solo puedo decir que la charla tenía que ver con Trump, claramente les leí los labios. Por cierto, don Meade es de buen apetito pero succiona los fideos con precaución y recato. ¿Significará algo? Ya veremos.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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