El factor Figueroa: la Oficina

Mi primer propósito del año es ir a Palacio Nacional

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Sé que López Obrador tiene una agenda apretadísima, pero necesito hacerle unas preguntas sobre mi actual tema favorito: el regreso de Juan Gabriel. Es que pensé que, sí además de arreglar el problema de la gasolina, el mandatario tuvo tiempo para platicar con la Miss Mundo 2018 y Fernando Allende (¡¿por?!), también tendrá algunos minutos para alegar conmigo sobre el ‘Divo de Juárez’.

Bueno en realidad, pienso matar dos pájaros de un tiro y aprovechar la visita a la oficina del Presidente para hablar de ‘Juanga’ y para levantar un reporte de las condiciones del lugar (ya ven que siempre hago cosas raras), porque la última vez que estuve ahí eran un desastre.

Hagan de cuenta que la sede del Ejecutivo es como algunas personas que conozco: bonita por fuera, horrible por dentro. Es como esas oficinas de los detectives en las películas ¿ya saben? Súper sórdidas.

Sé que algún lector estará diciendo “Y a mí ¿qué me importa?”, pero yo insisto en que debemos pensar en los pequeños detalles de la vida. Mi lema del 2019 es “Si mejora lo pequeño, mejora lo grande”. Además, no podemos dejar que nuestro líder, la cabeza de un país tan liberal y avanzado (eso dice Marcelo Ebrard y yo le creo) atienda y despache en una oficina que parece la casa de los Monster. Y miren que no estoy hablando de una súper reforma, solo digo que pueden llevar una cubetita de pintura y darle unos brochazos, cambiar las persianas y arreglar los baños.

Por favor, no se rían, que el asunto es serio. Aparte de llamar a un chino experto en interiores y/o feng shui, necesitamos hablarle a un ingeniero y al plomero, porque cada vez que llueve, el techo se inunda y el agua te da hasta los tobillos, o si eres de estatura muy corta -como esta columnista- te llega a la rodilla.

Claro, es que AMLO se mudó a Palacio en diciembre, pero deja que le toque la primera época de lluvias: se inunda la azotea, se cae el techo y ahí comienza un conflicto nacional. Y yo, sinceramente, no quiero que eso pase porque el Don López tiene muchos pendientes por cumplir.

Los baños sí son preciosos, sobre todo muy amplios, con ventanas gigantes y luz por doquier. El único problema que les veo es que las puertas y las paredes de los cubículos son muy bajitas y entonces cuando una mujer muy alta entra y se sienta ¡se le queda medio cuerpo de fuera! Espero que la Miss Mundo, Vanessa Ponce de León, no haya tenido dificultades. Aunque viendo lo alta que es y los 20 centímetros que trae de corona, seguro aquello fue un espectáculo.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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