El Factor Figueroa: La monja

Mientras ustedes leen tranquilamente la columna, yo estoy aterrada, rezando y prendiendo luces por toda la casa para evitar que se me aparezca el diablo

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Es que fui al cine para divertirme y ahora no puedo dormir porque vi La Monja, esa bonita película donde salen Demián Bichir, una monja inocente y una monja espantosa poseída malignamente.

Aunque algunos críticos dicen que la cinta de terror no asusta, yo tengo una opinión distinta y los nervios destrozados. Aquí aprovecho para decir que no quiero hacer enojar a los críticos profesionales ni meterme en sus terrenos, pero no puedo ver una película de nuestro paisano “Nominado al Oscar como Mejor Actor” en 2012 y quedarme callada así como así. Tengo que compartirlo con los lectores.

Acabo de leer que la cinta recaudó 130 millones de dólares en todo el mundo (más que “It”, la del payaso), así que hay dos buenas noticias: la primera es que los productores deben estar felices porque solo invirtieron 22 en hacerla y la segunda, que hay millones de personas asustadas ¡no soy la única!

Debo confesar que soy fanática de las películas de terror, pero grito a la menor provocación. Creo que lo mío es un caso muy claro de masoquismo porque sufro pero me encanta. Esta vez -no fue la excepción- me entregué en cuerpo y alma a La Monja, y mientras me infartaba el alma con tanto sobresalto, rellenaba el cuerpo con un ‘combo amigos’ (que incluía palomitas, dulces y saladas, hot-dog, refresco y pastillas de menta).

Ya sé que una persona profesional, adulta, lista y creyente no debería creer todo lo que ve en el cine, pero a mí me ponen el letrero de “basada en hechos reales” y ahí es donde me pierdo porque significa que sucedió y, por lo tanto, puede volver a suceder. Entonces empiezo a pensar irracionalmente que la maldita monja se puede escapar del monasterio en Rumania y aparecerse de repente el pleno Polanco y matarme de un susto.

Y ahí me tienes vigilando las ventanas por si viene por aire (ponle volando) y checando que ningún crucifijo de la casa se ponga de cabeza (aunque no haya crucifijos en casa). ¿Debería tener uno verdad? Iré hoy a comprarlo.

No les debo contar la película, pero confieso que cada vez que aparecía el monstruo – monstrua, demonia, criatura o lo que sea- yo gritaba. Ella salía y yo gritaba, ella salía y yo gritaba. Así 40 veces (jajaja).

Eso sí, me dio un gustazo ver triunfar a Demián en el papel del Padre Burke, aunque la pasé muy mal viendo que corría peligro. Sí, ya sé que todo es ficción pero, francamente, no quería que su nuevo protagónico en Hollywood se vieran ensombrecido por un demonio sin escrúpulos.

No se rían, pero también en el más allá y en los oscuros bosques de Rumania hay espíritus envidiosos.

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Periodista de espectáculos, conductora de televisión, autora del libro Calladita me veo más bonita. Conductora del segmento de espectáculos del programa Hoy en Televisa.

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