El Factor Figueroa: La cachetada

¿Vieron la cachetada al reportero de Univision? En realidad fue un mega trancazo, porque ‘cachetada’ suena a golpe inocente.

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De niña quería ser Corresponsal de Guerra. Bueno, en realidad primero soñaba con trabajar de aeromoza. No sé, me parecía fantástico caminar por los aeropuertos con una maletita de ruedas (cuando no existían ¡mis sueños eran futuristas!), y durante el vuelo preguntarle a los pasajeros a la hora de comer “¿chicken or pasta?”. Pero cuando me di cuenta que tenía poca estatura para ésas labores, cambié al periodismo. Me moría por salir en los noticieros, arrastrarme por las trincheras y decir algún día “¡Es un ataque nuclear Jacobo, es nuclear!”.

Así que me inscribí en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, donde aprendía lo básico y un buen día -o mejor llámale el peor día- vino el terremoto del 85 y todo cambió. Decidí que no quería convivir con muertos ni tragedias y pasé de escribir en Revistas como Excelsior a trabajar en TVyNovelas, que también es una cosa seria.

El peligro es latente, solo tiene distinta cara. En los espectáculos no le tienes miedo a Bin Laden sino a Lupita D’Alessio o a Eduardo Yáñez. ¿Vieron la cachetada que le soltó al reportero de Univision? En realidad fue un mega trancazo, porque ‘cachetada’ suena a golpe inocente en canción de Pablito Ruiz y lo de Yáñez fue con todo el cuerpo.

Hace algunos años me sumé al movimiento organizado por Maxine Woodside y Juan José Origel para ‘vetar a los famosos que maltratan a la prensa’. En ese momento, la noticia de que los periodistas de espectáculos vetarían a los artistas violentos y mal educados causó revuelo. Por donde quiera que iba me preguntaban ¿a quién van a vetar? y, claro, yo por contestar de manera ágil y expedita, gritaba “¡a la D’Alessio!”, que entonces no tenía tratos con Dios y era súper agresiva. Un día me arrinconó en un restaurante argentino, con malas intenciones y la mirada perdida, pero activé mis protocolos de seguridad (o sea, correr como posesa) y me le escapé. Sí, libré una paliza de la ‘leona dormida’.

En general, no me gustan las uniones ni los sindicatos, pero me sumé al movimiento organizado por Maxine y Pepillo porque me emocionó la idea de ser parte de una revuelta. Me imaginé a los famosos sufriendo y nosotros con cara de “No pasarán”. Básicamente, se trataba de 2 cosas: no permitir agresiones contra los reporteros de espectáculos y no apoyar ni promover las noticias vendidas. Por ejemplo, que Alejandra Guzmán amaneció de malas y quiere insultar a los reporteros, castigada. Que ‘fulanita’ muere por salir en el semanario de la realeza y vendió las fotos del bautizo de su hijo, “nota y persona vetada”.

No sumarse y promover sin medida a los malosos sería como aceptar: “oigan, Yañez –por poner un caso actual- le soltó un derechazo a un periodista, pero lo importante es que actúa bien y está guapo. ¡Público, vean sus telenovelas y aplaudan sus trabajos! Es mala persona, pero ni modo…”

Queridos lectores, estamos en plena recuperación de la sacudida que nos dio la naturaleza. Seamos mejores. O al menos, no seamos unos pelados sin remedio.

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